Esta semana ya os he comentado mi opinión sobre la estupenda ‘Paterson’ y la excelente ‘Hasta el último hombre’
('Hacksaw Ridge'). Si tuviera que elegir entre ambas, creo que me
decantaría por el nuevo trabajo de Mel Gibson, pero lo cierto es que
ambas son propuestas por las que merece mucho la pena acercarse a
vuestro cine más cercano a partir de hoy, que es cuando se estrenan en
España.
En un mundo ideal todos los lanzamientos tendrían un nivel tan algo o incluso superior, pero también hay que saber disfrutar de propuestas menos ambiciosas, al menos cuando realmente dan lo que prometen. En el caso de ‘Fiesta de empresa’ ('Office Christmas Party') se nos había vendido una divertida y alocada comedia con la que pasar un buen rato mientras recordábamos la cercanía de las Navidades. Esto último sí que lo cumple y también lo de alocada, pero en lo realmente importante es donde no está a la altura de las circunstancias.
Está claro que los excesos son la base de la mayoría de comedias,
normalmente supeditados a un personaje que lo representa y/o una
situación que se sale de madre, obligando a uno o varios personajes más
“normales” a lidiar con ello como buenamente pueda. Es una fórmula muy
efectiva si se hace llevar bien y, por tanto, es lógico que se siga
apostando por ella con mucha frecuencia -si lo pensáis, seguro que veis
cómo multitud de comedias lo utilizan-.
De hecho, eso incluso puedes ampliarlo y que haya varios personajes extravagantes, lo cual, bien llevado, puede tener resultados antológicos. El problema es que también crecen los peligros de que todo se venga abajo, ya que encontrar el equilibrio se hace cada vez más complicado y con ‘Fiesta de empresa’ es lo que condena a la película a una mediocridad de la que solamente sale en momentos puntuales.
Aquí es el personaje de T. J. Miller, uno de los
protagonistas de la televisiva ‘Silicon Valley’, el que representa ese
exceso sobre el que se podría construir todo lo demás, contando para un
ello con un Jason Bateman acostumbrado a ejercer como
el contrapunto de persona normal algo superado por las circunstancias y
que no sabe exactamente cómo actuar.
Hasta ahí parece que tenemos una fórmula ganadora, y más si la rodeados de buenos secundarios como Kate McKinnon o Rob Corddry, pero la realidad es distinta, ya que ‘Fiesta de empresa’ busca funcionar por la acumulación de excesos que lleva a que cada vez pasen cosas más locas. En algunos casos hay ciertas explicaciones -aunque cogidas con pinzas-, mientras que en otros simplemente es sumar esperando que algo funcione.
No voy a negar que hay un par de escenas simpáticas y alguna frase
aquí y allá que logró sacarme una sonrisa, pero la historia creada por Justin Malen, Laura Solon y Dan Mazer
simplemente no funciona y lo confía todo a lo que parece una constante
improvisación en lo referente al humor. Esa búsqueda de una mayor
frescura es digna de agradecer como concepto, pero la cosa se viene
abajo al fijarnos en todo lo que rodea y también en su inspiración
intermitente.
Por su parte, Josh Gordon y Will Speck, que ya habían dirigido a Bateman y Jennifer Aniston en ‘Un pequeño cambio’ (‘The Switch’) poco más que se dejan llevar por el vendaval de excesos en el que rápidamente se convierte ‘Fiesta de empresa’, confiándolo todo al buen hacer de los actores. Aquí hay alguna nota a su favor, como el personaje de Aniston, pero lo habitual es tener que aceptar más de la cuenta, tanto en su lado más alocado como en la sobriedad representada por Bateman y, en menor medida, Olivia Munn.
Al final el verdadero problema es que ‘Fiesta de empresa’ no tiene una verdadera visión desde la que crear su humor,
dejando así al descubierto todas las costuras de su propuesta. Y es que
cierto que en una fiesta desenfrenada pueden pasar unas cuantas
locuras, pero primero tienes que preparar al espectador para la risa y
luego rematarlo con buenos chistes, ya sean verbales o visuales. Aquí de
eso no hay, sólo chispazos de diversión que pronto dejan paso a un
relativo caos un tanto intrascendente.
En este caso lo importante ya no es tanto que todos sepamos lo que va a acabar sucediendo -eso pasa en, no sé, el 90% de las películas tirando por lo bajo- como en el hecho de que ‘Fiesta de empresa’ parece hecha con cierta prisa sin molestarse en asentar los cimientos para poder convertirse en una buena comedia. Los actores tampoco hacen milagros -y en algún caso se contagian por las debilidades de la propuesta- y no evitan que desees irte antes de que la fiesta llegue a su fin.
En definitiva, ‘Fiesta de empresa’ es una comedia bastante discreta que solamente funciona en momentos puntuales gracias a la inspiración de parte de su reparto. Por lo demás es un decepcionante festival de excesos que no deja de camuflar una historia manida y en la que hay muy poco que rascar.
En un mundo ideal todos los lanzamientos tendrían un nivel tan algo o incluso superior, pero también hay que saber disfrutar de propuestas menos ambiciosas, al menos cuando realmente dan lo que prometen. En el caso de ‘Fiesta de empresa’ ('Office Christmas Party') se nos había vendido una divertida y alocada comedia con la que pasar un buen rato mientras recordábamos la cercanía de las Navidades. Esto último sí que lo cumple y también lo de alocada, pero en lo realmente importante es donde no está a la altura de las circunstancias.
Los errores del humor desde el exceso total
De hecho, eso incluso puedes ampliarlo y que haya varios personajes extravagantes, lo cual, bien llevado, puede tener resultados antológicos. El problema es que también crecen los peligros de que todo se venga abajo, ya que encontrar el equilibrio se hace cada vez más complicado y con ‘Fiesta de empresa’ es lo que condena a la película a una mediocridad de la que solamente sale en momentos puntuales.
Hasta ahí parece que tenemos una fórmula ganadora, y más si la rodeados de buenos secundarios como Kate McKinnon o Rob Corddry, pero la realidad es distinta, ya que ‘Fiesta de empresa’ busca funcionar por la acumulación de excesos que lleva a que cada vez pasen cosas más locas. En algunos casos hay ciertas explicaciones -aunque cogidas con pinzas-, mientras que en otros simplemente es sumar esperando que algo funcione.
’Fiesta de empresa’, una comedia muy decepcionante
Por su parte, Josh Gordon y Will Speck, que ya habían dirigido a Bateman y Jennifer Aniston en ‘Un pequeño cambio’ (‘The Switch’) poco más que se dejan llevar por el vendaval de excesos en el que rápidamente se convierte ‘Fiesta de empresa’, confiándolo todo al buen hacer de los actores. Aquí hay alguna nota a su favor, como el personaje de Aniston, pero lo habitual es tener que aceptar más de la cuenta, tanto en su lado más alocado como en la sobriedad representada por Bateman y, en menor medida, Olivia Munn.
En este caso lo importante ya no es tanto que todos sepamos lo que va a acabar sucediendo -eso pasa en, no sé, el 90% de las películas tirando por lo bajo- como en el hecho de que ‘Fiesta de empresa’ parece hecha con cierta prisa sin molestarse en asentar los cimientos para poder convertirse en una buena comedia. Los actores tampoco hacen milagros -y en algún caso se contagian por las debilidades de la propuesta- y no evitan que desees irte antes de que la fiesta llegue a su fin.
En definitiva, ‘Fiesta de empresa’ es una comedia bastante discreta que solamente funciona en momentos puntuales gracias a la inspiración de parte de su reparto. Por lo demás es un decepcionante festival de excesos que no deja de camuflar una historia manida y en la que hay muy poco que rascar.

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