
Se ha convertido en costumbre el apuntar automáticamente a George R.R. Martin, ese hombre de aspecto entrañable —y algo irregular con las fechas de entrega, todo sea dicho— cuyas novelas nos han regalado uno de los eventos catódicos más importantes de los últimos tiempos, ‘Juego de Tronos’, a la hora de buscar al mayor “asesino de personajes” del mundo literario.
A la sombra de Martin, que se está quedando poco a poco sin títeres que dejar sin cabeza a lo largo y ancho de Poniente, está la autora británica J. K. Rowling, cuya saga de fantasía Harry Potter y sus posteriores adaptaciones cinematográficas recoge un considerable número de muertes, tanto aplaudidas como lamentadas por los potterheads, y que han conducido nuevamente a la escritora a pedir perdón por una de ellas.
”Ok, aquí está. Por favor, no empecéis una guerra flameando sobre ello, pero este año me gustaría disculparme por matar (susurra)… Snape. corre a protegerse”
Dobby, Hedwig, Sirius Black… Muchas han sido las defunciones en la saga que han encogido los corazones de lectores y espectadores a lo largo de los años de evolución de la franquicia, pero ninguna ha estado tan polarizada como la de Snape. Esto evidencia la complejidad de un personaje que ya forma parte del imaginario colectivo, y que concluyó su brillante arco narrativo cinematográfico, en ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2’ hace ya seis años
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