
El mundo sería un lugar muy aburrido si a todos nos gustase lo mismo, aunque hay mucho más que eso en el hecho de que no es posible recurrir a la objetividad a la hora de valorar cualquier forma de expresión artística. Es verdad que siempre habrá unos méritos cuantificables en mayor medida, pero hay otros detalles como la empatía que logre crear la historia o sus personajes que en algunos espectadores puede funcionar de maravilla y en otros brillar por su ausencia sin cambiar realmente nada.
En mi caso siempre me ha costado un poco conectar con el cine de James Gray, pues es cierto que en todas las obras suyas que he visto no puedo señalar algo como realmente negativo. Sin embargo, siempre me faltaba algo para conseguir ese entusiasmo que genera en otros cinéfilos. Por desgracia, eso es algo que persiste en ‘Z, la ciudad perdida’ (‘The Lost City of Z’), una película que basa su fuerza en una épica silenciosa más propia del cine de otra época.
Impresionante técnicamente
Lo primero que conviene señalar es que ‘Z, la ciudad perdida’ es una película con una fuerza visual increíble, tanto por la propia composición de los planos por parte de Gray como, sobre todo, por la increíble fotografía de Darius Khondji. Este último no solamente lograr crear unas diferencias palpables en pantalla en función de donde transcurra la acción, sino que es capaz incluso de dotar de texturas casi pictóricas a determinadas imágenes.
Todo ello captando a la perfección la época en la que transcurren los hechos y dando a ‘Z, la ciudad perdida’ un toque atemporal que recuerda a cierto tipo de cine americano de antaño. Ahí también ayuda su pausado ritmo, pues Gray evita cualquier acelerón innecesario para que la historia respire y puede transmitir esa sensación de grandeza deseada. Técnicamente resulta imposible ponerle pegas, pero, como os decía, una película no es una fórmula matemática.
La irregularidad en todo lo demás de ‘Z, la ciudad perdida’
Ahí es una pena que sus cara a cara con Sienna Miller y Tom Holland nunca logren la intensidad necesaria cuando se centran en temas familiares, ya que con el segundo sí que surge una dinámica más interesante cuando se suma a la obsesión de su padre. Eso sí, ahí también está por debajo de la estimulante camaradería que surge entre él y un estupendo y transformado Robert Pattinson.
Otro detalle totalmente subjetivo en su contra es que la idas y venidas del protagonista acabaros dañando esa épica silenciosa a la que aludía antes. Sí que añade más capas a la obsesión del protagonista por conseguir su objetivo, pero se convierte en otro obstáculo de entrada que limita su impacto. De hecho, acaba por resultar un poquito pesada, algo inevitable dada la apuesta de Gray si simplemente no entras del todo en lo que propone
Al final lo que falla es que su ritmo reposado llega a jugar en su contra por la dificultad para conectar con sus personajes, en parte porque Hunnam posiblemente no fuera el más adecuado para el papel -¿qué habría sido capaz de hacer Benedict Cumberbatch, que abandonó el proyecto casi a última hora?-, pero también por la forma de dibujarlo tanto a él como al resto por parte de Gray.
En definitiva, ‘Z, la ciudad perdida’ es un trabajo impresionante en la faceta técnica -su acabado visual es extraordinario- que no está al mismo nivel otros aspectos artísticos y también narrativos. Con todo, es una obra con suficientes atractivos como para compensarte que no termines de conectar con sus personajes y que, puntualmente, resulte algo pesada. Tened también en cuenta que esto es algo que me suele pasar con el cine de su director, que perfectamente podría no ser vuestro caso.
Via_blog d ecine
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