
Durante el pasado mes de junio, los afortunados habitantes del Reino Unido que pudieron pasarse por el British Film Institut disfrutaron de un maravilloso ciclo programado por el mismísimo Edgar Wright bajo el título de "Car Car Land". Una selección compuesta por diez películas enmarcadas entre 1968 y 1985 que inspiraron al realizador de Poole a la hora de gestar su último trabajo 'Baby Driver'.
Desde el clásico indiscutible 'Bullit' protagonizado por Steve McQueen, hasta el neo-noir 'Vivir y morir en Los Ángeles' de William Friedkin, esta es la decena de joyas que, entre el olor a rueda quemada y el rugir de los motores, impulsaron a Wright a firmar uno de los mejores filmes de acción de los últimos tiempos, que llegará a nuestras pantallas el próximo 7 de julio.
'Bullit' (1968)
Distanciándose de 'Baby Driver' por una brillante ausencia de banda sonora tras el acelerón inicial, la secuencia clave de 'Bullit' destaca por haber sentado precedente en la realización de persecuciones, siendo una de las primeras —si no la primera— en el empleo de las car-cams adheridas a los vehículos para rodar al actor maniobrando. Sumado a esto, la dilatación del fragmento, su icónica localización, su pulso narrativo, y el Mustang y el Charger protagónicos terminan de elevarla a los cielos de la acción sobre cuatro ruedas.
'Un trabajo en Italia' ('The Italian Job', 1969)
El tono y el estilo desenfadado y cómico del largo, su impresionante banda sonora firmada por el mismísimo Quincy Jones, y un tercer acto capaz de dejar boquiabierto al más pintado —y que no destriparé para quien aún no haya descubierto este diamante en bruto—, convierten a 'Un trabajo en Italia' en algo más que una set-piece bien construida que rememorar con nostalgia.
'Contra el imperio de la droga' ('The French Connection', 1971)
Los motivos para ensalzar el clásico de culto de Friedkin se centran sobre la vuelta de tuerca a lo visto anteriormente en otros filmes con secuencias con vehículos dándose caza. La originalidad de tener el coche de Gene Hackman persiguiendo a un tren que circula por un paso elevado, sumado a la brillante gestión del espacio para tenernos ubicados en todo momento, quedó a la sombra de la sensación de peligro y ultra-realidad que transmite el haber rodado con tráfico real una mañana de domingo.
'Punto límite: cero' ('Vanishing Point', 1971)
Además, la importancia de la película trasciende a su subtexto heredero del cine enlazado al conflicto de Vietnam, y enlaza con 'Baby Driver' a través de su empleo de la música; destacando Wright el modo en que, durante una secuencia de persecución, la canción que está sonando en la radio finaliza para dar paso a otra de forma instantánea, algo que nunca había visto hacerse anteriormente.
'La indecente Mary y Larry el loco' ('Dirty Mary Crazy Larry', 1974)
Desmarcándose de cintas como 'Easy Rider', el cierre amable y divertido de la película se sitúa como la principal razón de su elección. Junto al buen hacer y el sentido de la acción de su realizador, el director de 'Baby Driver' destaca un soberbio y poco reconocido trabajo de cámara centrado en el uso de angulares, la espectacularidad de sus planos de situación, y el curioso y efectivo empleo de contrapicados.
'Una extraña pareja de polis' ('Freebie and the Bean', 1974)
Este filme de 1974 brilla especialmente gracias a las geniales interpretaciones del dúo principal compuesto por James Caan y Alan Arkin, quienes derrochan una química de la que Wright tomó buena nota para dirigir a sus actores en 'Baby Driver'. Además, las secuencias de conducción se erigen como auténticas clases magistrales sobre cómo desatar el caos y la destrucción en pantalla.
'Los caraduras' ('Smokey and the Bandit', 1977)
Pese a su su falta de profundidad, esta cinta dirigida por Hal Needham atesora una capacidad innata para el noble arte de entretener sin concesiones, y hace gala de un reparto desatado capitaneado por unos Burt Reynolds, Sally Field y Jackie Gleason que parecen estar pasándoselo en grande.
'The Driver' (1978)
Las alabanzas hacia la excelente cinta protagonizada por Ryan O'Neil, dando vida al héroe silente del que ha bebido claramente el Baby de Wright, pasan por el tratamiento de la fotografía, el empleo de personajes sin nombre, el uso de la arquitectura de Los Angeles o el modo en el que 'The Driver' trata la organización de los atracos y los participantes en ellos.
No obstante, la inmensa mayoría de los merecidísimos halagos van dirigidos a la dirección de Walter Hill, quien fue ayudante de dirección en 'Bullit', aprendiendo más de un truco que mimetizó en el que fue su segundo largometraje. El descubrimiento de la car-cam en el rodaje de Peter Yates le permitió filmar las secuencias de conducción de forma subjetiva con un pulso narrativo impecable que ha pasado a la historia.
'Granujas a todo ritmo' ('The Blues Brothers', 1980)
Con todos estos ingredientes, ¿cómo no iba a ser la obra cumbre de John Landis —con permiso de 'Un hombre lobo americano en Londres'— uno de los principales referentes de 'Baby Driver'?
'Vivir y morir en Los Angeles' ('To Live and Die in L.A.', 1985)
'Vivir y morir en Los Angeles' supone una evolución lógica y, a su vez, un reflejo de la película firmada por Friedkin en 1971. Por una parte, el filme de 1985 es a Los Angeles lo que 'Contra el imperio de la droga' lo fue a Nueva York en su momento. Además, donde la primera destacó aportando un punto de originalidad a su persecución principal utilizando un tren, en este caso la set piece automovilística central nos transporta a una autopista para llevarnos en sentido contrario a toda velocidad.
La pericia a la hora de dirigir y mover la cámara de William Friedkin alcanza un nuevo nivel en su trabajo protagonizado por William Petersen y Willem Dafoe, haciendo gala de imposibles movimientos de grúa y elevando la expresión "chute de adrenalina" a la enésima potencia.
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