
Tal vez sea cosa mía —y ciertos sectores cinéfilos pueden verlo como algo criticable—, pero cuando voy al cine a ver según qué tipo de largometrajes, mi única pretensión no es otra que pasarlo lo mejor posible; ni más ni menos. Pese a la aparente simpleza de mi deseo, cumplir este requisito es una tarea más ardua de lo que parece a juzgar por las decenas de blockbusters hinchados, llenos de promesas y tan estimulantes como un vaso de agua sin gas, que nos llegan año tras año.
Por suerte, y para asombro de muchos, la desastrosa en taquilla temporada estival 2017 nos ha regalado la que, para servidor, ha sido la gran sorpresa de este verano: 'El último guardaespaldas'. Una comedia de acción con la apariencia de una spoof-movie de segunda que, inesperadamente, ofrece las dos horas más frescas, divertidas y libres de complejos que puedan disfrutarse actualmente. Después de todo, la belleza está en el interior.
Acción de primera con falta de inventiva
Walter Hill sentó cátedra y popularizó el subgénero de la buddy movie en 1982 con la genial 'Límite 48 horas' gracias a su hibridación cuasi-perfecta del humor y la acción, dejado un inmenso legado a su paso. Esto es tan sólo una innecesaria demostración de que 'El último guarda espaldas' no inventa nada nuevo, replicando los cánones del género, pero brillando por méritos propios tanto en sus aspiraciones cómicas como en lo que respecta a los tiroteos, persecuciones, muerte y destrucción que salpican el filme.El director Patrick Hughes ofrece en este caso su mejor versión, lo más alejada posible de la irregular —en parte, debido a su lavado para ajustarse a su calificación por edades— 'Los mercenarios 3' y sin llegar a las cotas de calidad de su fantástico debut en clave western 'Red Hill', firmando otro ejercicio reivindicable dentro de su corta filmografía.
Cuando los personajes lo son todo
Más allá de la impresionante gestión de unas secuencias de acción más lúcidas en su ejecución que en lo que respecta a su escasa capacidad de inventiva, el verdadero punto fuerte de 'El otro guardaespaldas' recae sobre los hombros de su guión y, más concretamente, sobre sus redondos protagonistas, interpretados por un reparto que rezuma química por todos y cada uno de sus poros.
Samuel L. Jackson y Ryan Reynolds exprimen su vis cómica hasta la última gota, luciendo en solitario y eclipsando el resto de virtudes de 'El otro guardaespaldas' cuando se cruzan en pantalla a final del primer acto. La interacción de ambos intérpretes da pie a un buen surtido de gags que van desde la comedia física hasta un desternillante uso del lenguaje más chabacano, asegurando una retahíla de risotadas de las que pueden —o no— llevar lágrimas incorporadas.
Junto al guardaespaldas y su protegido, el repertorio de secundarios también en estado de gracia —tremenda Salma Hayek—, las múltiples carcajadas a mandíbula batiente que provoca, y los esfuerzos de Hughes por alimentar el filme con un liviano mensaje que lo convierta en algo más que un simple espectáculo vacío, elevan a 'El último guardaespaldas' como la candidata perfecta para pasarlo en grande en una sala de cine; lo cual, hoy en día, parece que es mucho pedir.
Via:espinof
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