40 años de 'Encuentros en la tercera fase': la película que mejor ha imaginado el primer contacto con extraterrestres

Visto hoy bajo el prisma escéptico de esta sociedad de la información superabundante en la que vivimos, quizá resulte complicado entender la fascinación que durante muchas décadas levantó el fenómeno OVNI. Pero observado desde una perspectiva diferente que, sobre todo al otro lado del Atlántico, tuviera en consideración el clima en el que surgió, es muy evidente que la locura que se llegó a desatar en Estados Unidos en torno a los Objetos Voladores No Identificados y los hombrecillos verdes que los pilotaban estaba, sino plenamente, sí muy justificada.
A fin de cuentas, y haciendo un resumen algo simplista por aquello de no ocupar el artículo con algo que no es nuestra intención, en su nacimiento se dieron la mano el clima de paranoia que se vivía en tierras yanquis tras la Segunda Guerra Mundial por el miedo a la bomba, con la enorme popularidad que, también ligada a ella, cosecharon las historias de ciencia-ficción de todo tipo, en especial aquellas en las que seres de otros planetas venían al nuestro con intenciones que, normalmente, no eran del todo amistosas.
Vasta como ella sola, de toda la literatura que recoge la variada casuística que llegó a provocar el fenómeno OVNI este redactor recomendaría enfervorecidamente la lectura de 'El mundo y sus demonios'. El último libro de Carl Sagan, al margen de un desmontaje sistemático de todos los puntos en común en los que solían basarse las historias de abducciones, deviene en uno de los análisis más elocuentes jamás enhebrados acerca de la celebración de la ignorancia humana, algo que habla volúmenes acerca de la extrema lucidez del responsable de 'Cosmos'.
Muchos escritores pero un sólo guionista
"Veterano" en esto de las historias de extraterrestres, una "veteranía" otorgada por el hecho de haber dirigido con 17 años un corto llamado 'Firelight' que giraba en torno a los seres de otros planetas, es no obstante en dicha modesta producción que Spielberg rodaría con un presupuesto de 500 dólares donde cabe rastrear las bases de lo que trece años más tarde se convertiría en 'Encuentros en la tercera fase' ('Close Encounters Of The Third Kind', 1977), una cinta que, importando conceptos del cortometraje, no es —y esto es algo que su máximo responsable ha afirmado siempre— ciencia-ficción en el sentido estricto del término.
Con una claridad de ideas soberbia, el guión de Spielberg —que empezó en manos del cineasta y pasó por las de Paul Schrader, John Hill o David Giler antes de volver a él— toma ambos mundos, el thriller de tintes conspiratorios y el drama mundano, y establece dos líneas argumentales que, implicadas cada una a su manera en el contacto de la clase tres, no se encuentran de forma plena hasta los prolegómenos del tercer y maravilloso acto.
De contactos celestiales y obsesiones mundanas
El actor, que ya nos había conquistado con su biológo marino en 'Tiburón', da aquí un paso de gigante en la caracterización de ese hombre común superado por circunstancias extraordinarias que Spielberg quería desde un principio que fuera el epicentro de todo: soñador impenitente al que le emociona más que a sus hijos la perspectiva de ver 'Pinocho' ('Pinocchio', 1940), la obsesión de Roy por descubrir que es esa visión que no cesa de aparecer en su imaginación tras el encuentro con un OVNI es la que mueve, de forma mayoritaria, la "mitad" dramática del filme.
Ahora bien, que la "mitad" dramática de 'Encuentros en la tercera fase" sea aquella a la que cabría meter más tijera —más sobre esto unos párrafos más abajo— no quita para que en ella encontremos dos de las secuencias más brillantes de cuantas conforman las dos horas largas de duración del filme: aquella en la que, a punto de perder a su familia, Roy decide acabar con su obsesión para dar de manera fortuita con aquello que buscaba y, sobre todo, la de la terrorífica abducción de Barry, el niño de tres años hijo del personaje de Dillon.
Genio - 1ª parte
Pero, claro está, la experiencia de Spielberg no se limita a lo recogido en celuloide en 'Loca evasión' ('The Sugarland Express', 1974), 'Tiburón' o 'El diablo sobre ruedas' ('Duel', 1971); y al bagaje que con treinta años ya arrastraba de su paso y que había comenzado, ya en sus pinitos con cortometrajes, ya de manera profesional en el mundo de la televisión en a finales de la década anterior, había que añadir que, como afirmaría Joan Crawford sobre él "estábamos ante un joven genio".
Siendo la citada secuencia de la abducción de Barry ejemplo máximo de cómo Spielberg manejaba el terror —y ahora pasaremos a reconocer la enorme responsabilidad que en ello tiene el score de John Williams—, son incontables los instantes en que asistimos entusiasmados a lo que discurre delante de nuestra mirada: la citada escena de la aparición de los aviones o la similar del desierto del Gobi; cuando lo que creemos un coche adelanta a Roy por "arriba" y la persecución que a esto sigue; esa sonrisa de Barry viendo algo que nosotros no podemos o, qué duda cabe, el gran final.
Genio - 2ª parte
Manejando con intensidad y una facilidad extrema ese sentido de la maravilla que nos lleva a implicarnos de forma íntima en todo lo que va sucediendo en esa "cara oscura de la Luna" que se ha dispuesto junto al Devils Tower, resulta incontestable que gran parte de la responsabilidad de esa implicación descansa en la partitura de un John Williams que ese mismo año ya había dejado a medio mundo patidifuso con su trabajo para 'La guerra de las galaxias' ('Star Wars', 1977).
Motivo que pasó por incontables iteraciones, las cinco notas que todos asociamos a 'Encuentros en la tercera fase' son parte fundamental del tour de force que Williams acomete cuando los extraterrestres hacen contundente acto de aparición: incluyendo en esos minutos finales el 'When you wish upon a star' de 'Pinocho', la forma en la que la identificable melodía toma cuerpo al pasar del sintetizador a la orquesta emociona de tal manera que, al menos en lo que a este redactor compete, aguantar las lágrimas resulta imposible cada vez que vuelvo a acercarme al filme.
Genio - 3ª parte
Quizás el nombre de Vilmos Zsigmond no suene a los muy amantes de la filmografía de Steven Spielberg tanto como el de Janusz Kaminski. A fin de cuentas, el húngaro sólo participó en dos producciones con el cineasta, 'Loca evasión' y la que hoy nos ocupa; pero su trabajo aquí, ganador de un Oscar, fue tan fundamental para entender el por qué 'Encuentros en la tercera fase' es un clásico con mayúsculas que no podíamos acabar la entrada sin dedicarle, más que unas líneas, unas cuantas imágenes que hablen con contundencia de la magnitud de su labor fotográfica.
Tres montajes, tres ediciones... ¿un mismo filme?
Antes de entrar a valorarlas y opinar sobre cuál de ellas habría que comprar, respondamos la pregunta lanzada algo más arriba sobre la versión del filme que servidor recomendaría por encima de las demás. Porque quizás no lo sepáis, pero 'Encuentros en la tercera fase' ha conocido tres montajes diferentes a lo largo de las cuatro décadas que nos separan de 1977: el original del año de su estreno, uno que vino en llamarse la "Special Edition", proyectada en 1980, y el "Director's Cut" que el cineasta montó en 1998.
En lo que respecta a las ediciones domésticas, hay paridad con los montajes, y tres son las que hoy por hoy encontramos, las dos comentadas más arriba y la simple que Sony comercializó hace pocos años. Considerando el precio de la edición limitada —casi 100€— y el único aliciente de incluir la remasterización 4K de la cinta para el que pueda disfrutarla, creo que la disquisición debe hacerse entre la lata o la caja de plástico, y ahí sale ganadora la primera por ser la única que, ahora mismo, podemos encontrar con los tres montajes.
Con añadidos o sin ellos, las diferencias de raíz entre las tres versiones de 'Encuentros en la tercera fase' son nimias, y la superlativa calidad de la cinta nunca queda puesta en entredicho. Acercarse a ella cuarenta años más tarde, seguir alucinando con los efectos visuales de Douglas Trumbull como lo seguimos haciendo con los que el técnico elaboró para '2001. Una odisea en el espacio' casi una década antes y emocionarse de la misma manera que antaño, es una prueba indiscutible de estar ante un clásico con mayúsculas que resiste impávido el paso de los años.
Via:espinof
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