
'Madre!' es, sin duda alguna, una película fascinante a múltiples niveles. Esta afirmación, obviamente subjetiva, trasciende a toda la polémica que está rodeando a lo nuevo del siempre interesante Darren Aronofsky, tanto a la polarización de público y crítica, como a los abucheos recibidos en el festival de Venecia y a la indeseable calificación "F" que ha obtenido en CinemaScore.
Su hermoso uso de la luz y la textura, su increíble e inteligentísimo trabajo de cámara y espacio, sus fantásticas interpretaciones o su gestión de la atmósfera son algunos de los motivos que convierten al filme protagonizado por Jennifer Lawrence en uno de los mejores ejercicios de lo que va de año. No obstante, todo esto queda ligeramente ensombrecido por el alma de la película: los múltiples subtextos que esconden sus pasajes disfrazados de cinta de terror convencional.
La lectura más sencilla: el ego del autor y el maltrato de la musa
Explorar el filme desde esta perspectiva priva de sentido a gran parte de su iconografía, pudiendo readaptar el resto de símbolos a favor de esta propuesta. De este modo, seguiríamos el sufrimiento del devoto personaje de Lawrence, siempre a la sombra de un marido que exprime hasta la última gota de su esfuerzo y amor ciego con el único objetivo en mente de culminar su creación.
Pese al horror vivido por Madre y a su sacrificio por Él, reflejado mediante la gasolina y el fuego que la terminan consumiendo por voluntad propia, a la musa aún le queda una última muestra de amor que ofrecerle en una metáfora tan burda como efectiva: le entrega su corazón. El artista, de espíritu egoísta y ambición ilimitada recoge la ofrenda, generando una nueva fuente de inspiración —una nueva musa— tras quedarse sin más que aprovechar de Madre.
La lectura más obvia: la Biblia según Aronofsky
En este caso Bardem no sería otro que Dios, un creador al que su trabajo se le termina escapando de las manos. El Jardín del Edén que simboliza el hogar que comparte con Jennifer Lawrence —de la que hablaremos más adelante— recibe la primera visita bajo la forma de un Ed Harris que da vida al equivalente a Adán, el primer hombre. Tras él, y después de una escena en la que se revela una herida en la zona de sus costillas, aparece Michelle Pfeiffer, Eva, la primera mujer.
Los siguientes en hacer acto de presencia sin invitación previa son los personajes de Brian y Domhnall Gleeson, que aquí interpretan a los hijos de Harris y Pfeiffer; esto es, a Caín y Abel. Como no podría ser de otro modo, y siguiendo lo visto en las sangradas escrituras, la doble incorporación termina en tragedia, cuando uno de los dos hermanos asesina al otro de un golpe en la cabeza fruto de la envidia y de una confrontación con su padre.
Una elipsis nos sitúa aproximadamente nueve meses después de lo acontecido hasta el momento. El personaje de Jennifer Lawrence está en avanzado estado de gestación, el libro de Él está siendo un auténtico éxito y todo parece haber vuelto a la normalidad y la calma en el particular Jardín del Edén de la pareja. La estabilidad vuelve a romperse cuando irrumpen en la estancia cientos de seguidores del poeta que terminarán por desatar el caos y la violencia en un curioso paralelismo con la "caída del hombre" de la Biblia.
Esta es, probablemente, la última metáfora bíblica que encontramos en la cinta. No obstante, la lectura que acabamos de explorar deja un gran cabo suelto, y ese corresponde a la siguiente incógnita: ¿A quién representa en todo este cúmulo de referencias el personaje de Jennifer Lawrence?
La lectura oficial: Aronofsky y la madre naturaleza
"Hay elementos totalmente bíblicos, pero es la estructura del filme lo que coge de la Biblia, usándola como un mecanismo para analizar cómo los humanos han vivido aquí en la Tierra. Pero también fue algo intencionado ser ambiguo, porque eso no es una historia; es más un elemento estructural. Hay muchos detalles, huevos de pascua y cosas interconectadas, y creo que en ellos radica la diversión de desgranar la película."
"La gente está captando el matrimonio tradicional entre la musa y el creador siendo invadido de repente por todas esas fuerzas externas y el terror que eso genera. Pero luego todo se desmadra en la película, y a no ser que tengas la sensación de que estamos hablando sobre otras cosas o te permitas subirte al carro, te vas a resistir a ello y no vas a tener un buen viaje."Para terminar, habla sobre la estructura cíclica del filme y el sentido de su último giro:
"Mi primer instinto cuando la escribí por primera vez fue que habría ese giro al final, ese giro es como: 'Oh, Dios, no termina y este tío es más y más narcisista, no terminará nunca'. Pensaba en ello como otra vuelta de tuerca al personaje y a las temáticas. Esto no encaja perfectamente con la metáfora de la película, pero creo que es donde la historia humana releva a lo metafórico."
Pese a ser un férreo defensor de 'Madre!', llevo argumentando que, además de por su valía como largometraje en sí, de lo mejor que ofrece la cinta es la capacidad de dar pie a eternas conversaciones posteriores a su visionado en las que los interlocutores aporten su punto de vista sobre lo que acaban de presenciar. Esto, afortunadamente, está convirtiéndose en una especie de sello de autor de un creador como Darren Aronofsky, cuya filmografía puede gustar o no, pero lo que consigue con creces es no dejar indiferente a nadie.
Via:espinof
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