'El Camino: Una película de Breaking Bad': la secuela de Netflix es el epílogo que Jesse Pinkman merecía

Mucho se ha especulado sobre lo que nos ofrecería Vince Gilligan en este regreso a 'Breaking Bad' en forma de película. Sabíamos que estaba protagonizado por Aaron Paul en su papel de Jesse Pinkman pero el resto de detalles se nos ha mantenido ocultos hasta que Netflix ha estrenado las dos horas que dura 'El Camino'.
Como era de esperar, 'El Camino. Una película de Breaking Bad' comienza justo donde acaba la serie: Jesse escapa del cuartel nazi en un coche modelo Camino (de ahí el título de la película) para refugiarse en casa de Skinny Pete (Charles Baker). Una vez recuperado comenzará su plan para huir pasa siempre de Alburquerque, lo que implica dinero y medios que no tiene a su alcance... en un principio.
Es curioso cómo se nota, sobre todo en las apariciones de Jesse Plemons (en su papel de Todd Alquist) pero también en Aaron Paul, que han pasado nada menos que seis años desde la última vez que les vimos. Al ser, literalmente, el día después, se les nota el infalible paso del tiempo a pesar de los intentos de caracterización por disimularlo.
Buscando la libertad
Lo que sorprende de 'El Camino: una película de Breaking Bad' es su falta de ambición en general. Hay una historia que contar y se cuenta. Y punto. Pero es decepciona ligeramente en el cómo contarlo tanto a nivel argumental como a nivel técnico.
Lo que sí que respeta el espíritu de 'Breaking Bad' es ese anhelo de contar las cosas tranquilamente, ofreciendo de paso un viaje al interior de nuestro protagonista. Hay momentos de tensión y momentos de ver el paisaje. Ese ritmo (y su ligero toque western) es lo que nos absorbe a la hora de ver la película.
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Una película para completistas
Si bien como epílogo de la serie funciona, si la valorásemos como película independiente no lo hace tanto. Se queda, por tanto, en una obra para completistas, sin apenas valor para el que no sea fan de 'Breaking Bad'.
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