
Ha arrasado. No tiene rival. 'Joker' es la película del año y ha puesto de acuerdo a los espectadores del mundo, aunque la crítica se ha mostrado bastante más dividida. Mientras se acerca a los 300 millones de dólares en su primera semana, convertida ya en un fenómeno de masas, intentaré explicar las razones por las que, sinceramente, pienso que nos estamos dejando llevar por el entusiasmo.
El rey de la comedia
El director de la trilogía de 'Resacón en Las Vegas',
'Aquellas juergas universitarias' o 'Starsky & Hutch' (por aquello
de seguir en los setenta), se marcaba un reto imposible de creer hace
unos años si no tenemos en cuenta su muy tenue intento de cambiar de
registro con 'Juego de armas',
una película que ya intentó jugar en la liga del Scorsese más moderno,
pero cuyo resultado ni siquiera se aproximó al (excelso) trabajo de
Michael Bay en 'Pain & Gain', curiosamente, mucho más goodfelliana, mucho más Scorsese que la película de moda.
Molar por encima de sus posibilidades
Y es que, no nos engañemos, 'Joker' es una película que está mucho más preocupada por molar constantemente que por profundizar, aunque sea un poco. Por muchos bailes que se marque su protagonista, o precisamente por eso, nunca lo sabremos, no resulta suficiente. Cada punto de giro concluye en un bailecito que terminará en la desangelada danza de las escaleras, la verdadera víctima de todo el movimiento y el ruido generados alrededor de la película.
Si en el tráiler, impecable, ese momento funciona como un tiro
se debe a una edición inteligente y a una ambientación musical que está
a años luz del resultado final: un simple baile con la canción más
sobada de la historia del glam es más que decepcionante. Y luego está la
historia detrás de la canción, un turbio asunto que involucra los
millonarios royalties que pueda recibir el autor de la canción, en
prisión desde hace años y con una condena por cumplir.
Por supuesto que es una película formalmente notable, pero como relato del resquebrajamiento de la psique humana tampoco es que ahonde mucho más que la recordada 'Réquiem por un sueño', la película de Darren Aronofsky que, tú y yo lo sabemos, muy bien tampoco estaba. Curiosamente, el protagonista de aquella también interpretó al Joker en 'Escuadrón Suicida', la película más rápidamente rebooteada de la historia del cine.
En efecto, Joaquin Phoenix está realmente bien, en su salsa. Un astro de la interpretación
que se siente como pez en el agua cada vez que decide aceptar el papel
de alguien con un equilibrio emocional complicado. Las tomas de Gotham
(repito, Gotham, no Nueva York) a plena luz del día son para enmarcar:
la fotografía de Lawrence Sher se ve fría, tosca, áspera, olorosa, ideal
para la historia. Como la ambientación musical de Hildur Gudnadottir
suena grave, dolorosa. Pero creo que ahí están todos sus méritos.
Lo que cuenta es el final
Todos esos inmaculados aspectos técnicos se estrellan ante una historia que sabe dónde empieza y dónde debe terminar, pero que toma una serie de atajos que la impiden convertirse en un clásico del cine. Es francamente agotador escuchar el apellido Wayne cada diez minutos (casi antes o justo después de cada baile), para justificar cada uno de los actos que comete una persona enferma.La torpeza en la narración de la película consigue incluso que algunos agujeros de la trama pasen inadvertidos. Podríamos llenar una lista con ellos, pero hay dos que llaman poderosamente la atención: las mágicas apariciones de los policías y la no menos mágica incursión del protagonista en el cine donde se proyecta la película de Chaplin.
¿Y la figura femenina en la película? Bueno, podríamos decir que
alguno de los trucos de la película ya lo explotó Marjane Satrapi, y con
mucha más fortuna, en su notable 'The Voices', escrita por Michael R.
Perry. Las piruetas emocionales y narrativas que da el personaje de
Zazie Beetz no se diferencian de una escritura perezosa ni cuando se
justifica finalmente. Digamos que en la película del Joker, el comodín es Domino.
Tal vez no estaría de más que muchos de los espectadores que aseguran estar ante la mejor película que han visto en años reduzcan un poco la dieta seriéfila de la que se nutren. Tal vez así puedan distinguir 'El rey de la comedia' de una performance en tiempos de La Resistencia.
via; espinof
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