
'Noche de bodas' parte de una poderosa premisa que ya de por sí sola justifica el viaje. No es especialmente original (de hecho, como veremos, rinde homenaje a una larga tradición de la cultura del mystery), pero su enfoque y su explosivo sentido del humor sí lo son. El resultado es una película que sabe a ya catado pero no manido, a familiaridad pero no a agotamiento.
'Noche de boda's juega a la broma negra desde su mismo punto de partida, pero enhebra una crítica anti-1% (ese porcentaje de la población que se reparte el 82% de la riqueza) no especialmente sutil, pero sí muy efectiva y cáustica. Este vestido de novia no está cosido con exquisito hilo blanco, sino con alambre de espino, y se asienta en la tradición de la frase popular "Cómete al rico", tan directa como la sentencia de Rousseau que la inspira ("Cuando el pueblo no tenga nada más que comer, se comerá a los ricos", que por supuesto inspiró el slogan zombi de Romero) y tan ruidosa como la canción de Motörhead 'Eat the Rich'.
Todo este conglomerado de influencias se da cita en 'Noche de bodas', que cuenta la estrafalaria y aparentemente inocua prueba que tiene que pasar la flamante esposa del heredero de un emporio familiar (ellos prefieren llamarlo "dominio") de juegos de mesa. Una partida de escondite que arranca de la forma más inocente, pero que pronto desvela su macabra y auténtica cara: los Le Domas perseguirán armados a Grace (Samara Weaving) para ejecutarla.
'Noche de bodas': El club del misterio
Pero es en la ambientación donde 'Noche de bodas' saca su mejor baza. Los Le Domas y su imperio juguetero están claramente inspirados en familias dedicadas al negocio, como Parker Brothers. No solo eso: la ambientación, el humor, el ritmo es casi de whodunit desenfrenado al estilo de las novelas de misterio de principios del siglo pasado, las llamadas mystery, y su sardónica ironía hace referencia al mítico 'Cluedo', inspirado en esas mismas novelas, y al que se rinden múltiples homenajes, empezando por el arsenal de armas que incluye revólveres cien por cien cluedistas, como el pimentero.
'Noche de bodas' no es perfecta, por supuesto: a veces se pasa de tibia y pese a cierta sofiscticación en su narrativa, no es tan inteligente como ella misma cree. Pero compensa la falta de sutilidad (que tampoco ha pedido nadie) con un enfoque visceral, y lo que queda es una simpática miniatura intrascendente, que juega muy bien con sus referencias y lleva de nuevo la ultraviolencia a las mansiones decadentes de los millonarios.
Via.espinof
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