
Seguro que alguna vez, revisando algún clásico, has acabado murmurando "
Pero bueno, estos efectos podrían ser completamente actuales". Más aún: en algún momento (puñetazo en la mesa y aullido lupino mediante, también) habrás gritado: "
¡Pero esto qué es! ¡Estos efectos viejunos son MEJORES que los de ahora!". Y no es para menos:
hay películas de hace diez, veinte, cincuenta o cien años cuyos efectos harían ruborizar a producciones de hoy mismo.
Y es que el CGI envejece a una velocidad que da susto, mientras que
los efectos clásicos y mecánicos permanecen, en muchos casos, absolutamente intemporales, casi conservados en ámbar.
Por supuesto, no hablamos de que los efectos de antes de ayer sean
superiores en lo técnico a los actuales (a veces, reconozcámoslo,
también: es lo que tiene lo artesanal), sino que son a menudo más
ingeniosos, más desvergonzados, más estimulantes que la búsqueda del
realismo contante de los efectos actuales.
Así que vamos a repasar unos cuantos de esos efectos, algunos auténticamente históricos, que
pueden mirar de tú a tú a la más compleja superproducción digital. Una reivindicación de la artesanía, el cable, el látex y la marioneta. Que no todo va a ser poligonazo.
Doble exposición en 'La carreta fantasma' (1921)
Ejemplo perfecto de que a menudo en términos de efectos especiales,
menos es más. Algo que a menudo olvidan las películas de hoy, siempre
atentas al plano churrigueresco y excesivo. Esa cuestión está
especialmente patente en
las películas de fantasmas, que en el
cine mudo tuvieron una potente imaginería gracias a la sencilla técnica
de la doble exposición. Pocas veces se hizo con tanto gusto y
sencillez como en 'La carreta fantasma' de Victor Sjöström, un drama de
espectros que Bergman siempre clamó como una importante influencia para
su cine.
Transformación en bruja en 'Sh! The Octopus' (1937)
Absolutamente alucinante esta transformación en bruja, de una fluidez
y ausencia aparente de trucajes que rivaliza con el CGI actual.
Curiosamente,
el truco solo funciona en blanco y negro, ya que emplea capas de color e iluminación que juegan con el rojo y azul,
y si se utilizaran en una película en color, teñirían de ese color la
pantalla. El truco fue creado por el director Karl Struss para la
versión de 'Ben Hur' de 1925, pero lo usaría en películas como el
'Doctor Jekyll y Mr. Hyde' de 1931.
Baile por las paredes en 'Bodas reales' (1951)
Una secuencia tan perfectamente ejecutada que no ha perdido ni un ápice de su capacidad de asombro.
El
momento en el que Fred Astaire comienza a bailar por las paredes está
perfectamente inmerso en una coreografía que refleja el entusiasmo
progresivo del protagonista sin más adornos, lo que la hace doblemente
sorprendente. La idea de construir un decorado en un cilindro que gira
con una cámara anclada fue reutilizada en películas tan diversas y
míticas como '
2001: Una odisea en el espacio',
'Origen' o
'Pesadilla en Elm Street', pero nunca con este contagioso desparpajo.
Batalla con esqueletos de 'Jason y los argonautas' (1963)
De la técnica del stop-motion podríamos hablar largo y tendido, pero
cuando se usa como efecto especial, es decir, en películas
protagonizadas por humanos,
posiblemente pocas veces alcanzó las
cimas de sofisticación de Ray Harryhausen y sus combates con monstruos
para películas mitológicas. Hay mucho donde elegir, pero finalmente (tras dura pugna con la Kali de
'El viaje fantástico de Simbad') nos quedamos con la batalla con los esqueletos de 'Jason y los argonautas'.
Cuatro minutos de
perfecta animación a medio camino entre el cine animado y el naturalismo en los movimientos y las coreografías, buscando engañar al ojo del espectador. La tangibilidad de los efectos
stop-motion
(tangibles porque estaban realmente ahí, en forma de modelos reales a
escala que luego se insertaban en las peleas) tiene un talante sólido
que los a veces demasiado etéreos e "invisibles" efectos CGI no pueden
igualar.
Explosión de la Estrella de la Muerte en 'La guerra de las galaxias' (1979)
Absolutamente icónica, superior a la demasiado adornada segunda explosión en
'El retorno del jedi',
el primer reventón de la Estrella de la Muerte (incluso sin los
retoques digitales posteriores que, por una vez, no estropearon la
versión original) es posiblemente la cima del efecto de cosas estallando
en el espacio. La solución práctica para rodarla es extremadamente
ingeniosa:
una caja con polvo negro (azufre, carbón y nitrato de
potasio) colgaba del techo y al explotar, los restos se aproximaron a
la cámara con ese efecto de atmósfera cero único e inimitable.
El revientapechos de 'Alien' (1979)
La magia de este escena sigue intacta como uno de los mayores
impactos en una franquicia que siempre ha hecho abundante uso de los
efectos prácticos. Esta secuencia en concreto sigue fresca, aún hoy
imitada y parodiada, gracias al grotesco realismo del bicho -una
marioneta en conjunción con un pecho falso y litros de sangre-
la excelente planificación de la secuencia (la intrascendencia de su arranque, la casi humorística conclusión) y el genuino gesto de pasmo y horror de los actores testigos, que en muchos casos no sabían lo que iba a suceder.
Nazis derritiéndose en 'En busca del arca perdida' (1981)
De nuevo
una secuencia que no puede ser igualada porque el espectador ve lo que sucedió realmente en el rodaje: los nazis se derritieron.
Lo contempla mucho más rápido, eso sí, porque lo que tenemos aquí es un
pase a cámara rápida de la chorreosa destrucción del rostro de Toht y
los suyos, en realidad modelos de las cabezas de los actores con capas
de cera colocadas de manera muy precisa para que el efecto fuera
visualmente el deseado.
Cabeza que explota en 'Scanners' (1981)
¿Es este el mejor efecto de puro gore de todos los tiempos? Puede ser, aunque es posible que
Tom Savini
y su ristra de machetazos y amputaciones en su etapa de gloria en los
ochenta tengan algo que decir al respecto. En cualquier caso, esta
cabeza que vuela por los aires después de un demoledor ataque psíquico
demuestra
cómo con ingenio, creatividad (y muy poca delicadeza) se solucionaban antes los problemas. Era
una cabeza falsa llena de basurilla, sangre falsa y restos de comida
que se intentó hacer explotar con explosivos, pero se veían las chispas.
Con aire comprimido, pero la cabeza se hinchaba. Al final, el creador
de los efectros Gary Zeller se escondió detrás del muñeco con una
escopeta y le disparó a la nuca.
Transformación en 'Un hombre lobo americano en Londres' (1981)
Cuando alguien dice aquello de "
hay cosas del cine de los ochenta que no se podrían hacer hoy", automáticamente pensamos en la transformación en lobo de la obra maestra de John Landis.
Esta
secuencia, en modo CGI, posiblemente se llenaría de excesos que
extraerían el gran valor de esta bella coreografía de horrores del maestro Rick Baker que se llevó un merecido Oscar en su día: sucede
realmente
ante los ojos del espectador, porque son todo prótesis y miembros
mecánicos. El realismo es espectacular porque la transformación es real,
y conforma una auténtica trinidad peluda junto a las también magníficas
transformaciones de 'Aullidos' y 'En compañía de lobos'.
"Tiene que ser una puta broma" en 'La cosa' (1982)
La cima de los efectos prácticos de terror en los ochenta fue,
posiblemente, esa oda al exceso surreal que es 'La cosa' de John
Carpenter, tan apabullante que llega un momento que
el espectador acaba adoptando la misma actitud que sus personajes: más allá del terror, la sorpresa estupefacta.
Uno de sus momentos culminantes está en la cabeza con patas de araña
que habría hecho las delicias de los surrealistas, y que ha quedado,
junto con el inolvidable Hombre Que Se Derrite de 'Robocop' como la
cumbre del arte del genial Rob Bottin.
Todo 'Tron' (1982)
Quizás el ejemplo clásico de película en la que los efectos
especiales son insuperables... porque fueron de partida concebidos para
ser como son. El
viaje a las tripas de un ordenador primitivo, desalmado, frío y construido sobre llanuras negras de silicio y neón
encuentra su perfecta visualización en los efectos, toscos en su
descubrimiento sobre la marcha de la gramática CGI, pero a la vez
modernísimos e intemporales. Su búsqueda no de realismo, sino de una
imaginería propia y adecuada a las posibilidades técnicas hace de 'Tron'
un icono inmortal.
¿Qué pasa con
'Tron: Legacy', la secuela de 2010 del clásico? Es una
interesante,
a ratos atrevida actualización de los efectos de la original, pero muy
consciente del talante de clásico absoluto de aquellos. Cambia
la innovación por un ritmo trepidante y un espectáculo de fuegos
artificiales, pero descalabros CGI como el escalofriante Jeff Bridges
joven dejan bien claro qué entrega está en el trono y cuál se pasa de
frenada.
Crítica en Espinof
La muerte de Glen en 'Pesadilla en Elm Street' (1984)
Hablábamos más arriba de la muerte de Tina en 'Pesadilla en Elm
Street' como una réplica aterradora del baile de Fred Astaire en 'Bodas
reales'. Pero
la mítica película de Wes Craven tiene más escenas de considerable ingenio y brutalidad, todo a base de trucajes tradicionales,
casi teatrales, llevados al extremo. En este caso, una habitación
invertida que vomita un torrente de sangre artificial. Tan sencillo como
ingenioso y repulsivo.
Aterrizaje del Delorean en 'Regreso al futuro II' (1989)
De todos los efectos especiales de la trilogía de 'Regreso al
Futuro', este es uno de los que más fácilmente pueden pasar
desapercibidos (como tan a menudo pasa en el cine de Robert Zemeckis,
maestro de los efectos para enmascarar la realidad, no para subrayar la
ficción).
Un paso sin cortes de Delorean volador (maqueta) a un Delorean real en el suelo, con la ayuda de una columna
que facilita la transición y control computerizado de la fotografía.
Una auténtica maravilla que hoy se realizaría sin dificultad con CGI, y
que en su momento puso los recursos de la ILM a prueba.
Macedonia de técnicas en 'Terminator 2: El día del juicio' (1992)
Sí, correcto:
'Terminator 2'
es uno de los grandes hitos de los efectos digitales en el cine,
pero... ¿te has preguntado por qué sus impresionantes efectos han
envejecido tan bien? Como 'Parque Jurásico', solo un año posterior, es
por su inteligente mezcla de efectos digitales y prácticos. Es
especialmente notable en el enfrentamiento entre el T-800 y el T-1000 al
final de la película:
los efectos digitales se mezclan con los efectos de prótesis y maquillaje de Stan Winston de forma magnífica, y el resultado es una secuencia icónica.
El ataque del T-Rex en 'Parque Jurásico' (1993)
Un hito en la mezcla de CGI y efectos prácticos gracias al inmenso
tino y buen gusto de Steven Spielberg, en lo que fue posiblemente un
encuentro alquímico único entre técnicas tradicionales y computerizadas.
A partir de aquí el cine comenzaría a supurar efectos por ordenador en
una época en la que aún no estaban preparados para engañar al ojo del
espectador. Pero aquí tenemos a
un monumental animatrónico de cuatro mil kilos que casi despanzurra a un técnico que quedó atrapado en su interior.
Construido sobre un esqueleto metálico plagado de motores, es el
ejemplo más icónico de una película rebosante de maravillosos
dinosaurios-marioneta.
Perspectivas forzadas en 'El Hobbit: Un viaje inesperado' (2012)
Aunque su devoción por los excesos CGI han hecho más mal que bien
al cine de Peter Jackson,
sus inicios en el cine más artesanal le otorgan una categoría de mago
de los efectos difícilmente discutible, desde las marionetas de 'Los
Feebles' a esas catedrales de gore tradicional que son 'Mal gusto' y
'Braindead'. Algo de esa maestría artesana quedó en películas
posteriores, como en la -por otra parte, terrible- trilogía de 'El
Hobbit':
los juegos con la perspectiva y el atrezzo de tamaño minúsculo se complementan con el uso computerizado de una cámara móvil,
con un resultado delicioso y que, como pasa a menudo con la trilogía
tolkieniana y sus derivados, es más divertido de ver en los making ofs
que en el resultado final.
Via.espinof
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