'La asistenta' - De perdida al río


 Hay una predisposición orgánica a comparar 'La chica del tren' con 'Perdida'. Estrenada dos años después, no cabe duda que se trataba, simplificando, de repetir la jugada. Pero ni 'La chica del tren' es 'Perdida' ni Tate Taylor es David Fincher. De hecho, la comparación le hace un flaco favor a la primera (y a su director), por más que también sirva para engrandecer (un poco más) a la segunda (y a su director).

Lo mismo se puede decir de 'La asistenta'thriller de suspense del mismo palo que más de diez años después nos remite de nuevo a 'Perdida', en una recurrente comparativa con la que igualmente sale perdiendo... Algo por otro lado normal, ya que Paul Feig tampoco es David Fincher. Y si bien 'Un pequeño favor' no le quedó nada mal, no se puede decir lo mismo de 'Otro pequeño favor', su insulsa y pancista secuela.

De hecho, Feig es un cineasta bastante limitado que sólo ha conseguido brillar cuando ha trabajado con Melissa McCarthy... de ahí que 'La asistenta' necesite valerse por sí misma, ya que Feig no es, lo repito, un cineasta como David Fincher, capaz de impulsar y realzar el material original, incluso por encima de sus limitaciones inherentes.

Tampoco lo es el citado Tate Taylor, si bien Feig cuanto menos tiene sentido del humor. O más bien, no es tan protocolario como Taylor, un director tímido y sin personalidad, equivalente a ese compañero siempre callado que nadie se da cuenta que está presente. Ese currito serio, discreto y reservado que cumple con el mínimo sin dejarse notar.

Sin embargo, Feig tiene un toque "campy" que le distancia de cineastas grises y aburridos como Taylor. Sí, puede que 'La asistenta' no sea 'Perdida', pero tampoco es 'La chica del tren'. Y si bien Feig tampoco es capaz de impulsarla por encima de sus limitaciones, sí le transmite sus ganas de divertirse y la fortalece como pasatiempo "campy".

Es la diferencia sustancial respecto a adaptaciones como 'La chica del tren': 'La asistenta' celebra su material de origen en vez de sentirse amedrentada por él. O por el espectador. No tiene miedo de convertirse en un telefilme desaforado y juguetón, en un 'Aguas profundas' tan consciente de sí mismo como simpático e irremediablemente distraído.  

En especial de la mitad en adelante, no por casualidad cuando su rocambolesca historia, con ecos, de hecho, a la de 'Perdida' empieza a tomar su verdadera forma. Cuando dicho a las claras, se desmelena y uno empieza a entender el porqué del éxito de la novela. Aunque esto no sea suficiente para hacer de su adaptación una buena o gran película.

Pero sí una película simpática y entretenida que capta nuestra atención, y la mantiene además hasta el final, casi tanto como el omnipresente escotazo de Sydney Sweeney. Sí, ni 'La asistenta' es 'Perdida' ni Paul Feig es David Fincher. Algo que sus responsables asumen de tan buen talante como para, de perdidos al río, relajarse y a disfrutar de una derrota...

... con sabor a victoria. 


Por Juan Pairet Iglesias

Via: El séptimo arte

Comentarios