Crítica de 'Torrente presidente'

Sony Pictures
Santiago Segura y Fernando Esteso en ’Torrente 5: Operación Eurovegas’ (2014).

En una de las secuencias de ‘El Candidato’ (Michael Ritchie, 1972), aligerada por la censura española en su estreno, el personaje de Robert Redford se dejaba caer por un barrio negro para buscar votos y terminaba echándose unas canastas con unos jóvenes (airados) negros en un momento de ridícula impostura, un chiste no buscado pero que retrataba sin piedad lo que es la política. ‘Torrente Presidente’ replica el espíritu de esa escena, paradigma de un cine liberal y de una película de manifiesta acidez, con similar (aunque muchísimo más divertida) visión descreída, y pesimista, de este hoy donde emplear la palabra “negro” es políticamente incorrecto y donde todo queda en las palabras. Como bien sabía Charles Chaplin, tras ‘Tiempos modernos’ (1936) llega ‘El Gran Dictador’ (1940).

“¿Y ahora qué?”, se preguntaba el candidato Robert Redford al final del film. José Luis Torrente se hace la misma pregunta en el cierre del idem de la franquicia que, quién sabe si sin pretenderlo (o pretendiéndolo: la antológica escena postcréditos), ha terminado siendo la mejor película política del cine español desde ‘Selfie’ (Víctor García León, 2017). Torrente, como esa España esperpéntica de pillos y golfos, de eternos pícaros famélicos, tramposos y rijosos, nos mira a nosotros desde la incertidumbre del “¿Y ahora qué?”; desde la perplejidad del elemento anómalo en una sociedad moderna que ha descubierto que quizás lo incorrecto y subversivo no estaba donde y en quien nos parecía. En esta España de cabestros y cabestrillos, Torrente ha resultado ser la palabra “negro” del sistema, el Robert Redford cutre, miserable e interesado de un ‘El Candidato' más parecido a ‘Vota a Gundisalvo’ (Pedro Lazaga, 1977), ‘Las Autonosuyas’ (Rafael Gil, 1983) o ‘¡Que vienen los socialistas!’ (Mariano Ozores, 1982).

Resulta curioso como el episodio que más tiempo ha tardado en convertirse en un (esperado como agua de mayo, o Chinchón en el café, por las estadísticas del cine español) largometraje, el más meditado, sea el más voluntariamente descuidado formalmente. Lejos del neorrealismo sucio urbano y valleinclanesco de ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ o de la brillantez de la bondiana primera continuación, o del estilazo ‘La cuadrilla de los once’ (Lewis Milestone, 1960) de la quinta entrega, ‘Torrente Presidente’ prefiere el trazo urgente y grueso, incluso la cámara en mano de un documental falso. Halla en el caos, acentuado en su, soberbio, manejo del plano secuencia coral berlanguiano, el vehículo ideal para que su humor sea tan visceral como consciente de su incomodidad revolucionaria, ácrata, en la ficción domesticada nacional contemporánea.

Hay un momento dentro de la cinta en el que este humilde juntaletras ha creído reconocer otro idéntico en un Berlanga injustamente denostado (por quienes sistemáticamente se han cebado con la saga torrentiana) como es la de 1993 ‘Todos a la cárcel’ (con Santiago Segura en el reparto), que era, como ‘Torrente Presidente', una comedia cabreada y desencantada, combativa y sabedora de su camaleónica supervivencia, que se alineaba al lado de los perdedores, por otra parte la seña de identidad de la maravillosa comedia española. Y sí, esta es una película sobre perdedores que jamás sabrán jugar (ganar) al tute con castillos de naipes… marcados.

torrente santiago segura
Sony Pictures
Santiago Segura y Tony Leblanc en ’Torrente, el brazo tonto de la ley’ (1998).

Maravilloso ejemplo de la mejor comedia española, amén del enésimo, y aplaudido, homenaje a nuestros cómicos, la película de Santiago Segura está dedicada a ellos, al género menos respetado por cierta crítica (que encima ahora se ha indignado por tener que esperar al estreno del film para verlo ¡y pasando por taquilla!) y en especial al público, a los espectadores. Corolario a la franquicia, en este ‘El Candidato' chusco pero visionario donde la verborrea non stop del James Stewart de ‘Caballero sin espada’ (Frank Capra, 1939) muta en la cháchara canalla del charlatán de mercadillo, del Gila vende relojes ful en el Rastro madrileño en ‘Mi tío Jacinto’ (Ladislao Vajda, 1956), el personaje central va a ir reencontrándose con viejos compañeros de fatigas, en un viaje de vuelta, de regreso (el de la misma franquicia a sus orígenes), como el de Redford (vaya, otra vez él en este texto) en ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’ (Sydney Pollack, 1972) en la montaña.

Más allá del detalle con los fans (lo mismo en el recurrente y esperado apartado concerniente a los cameos, mediáticos, inesperados, de la escena política y amiguetiles, por supuesto), ese retrovisor al pasado en el presente le sirve al Segura autor para incluso reflexionar sobre él mismo ¿o no es ese personaje de un ayer lumpen y buscavidas mutado en aseado adalid de la corrección política una excusa para que el Santiago Segura torrentil se mire en el exitoso y taquillero director de comedias blancas, familiares y para todos los públicos? Los que aceptamos que ‘La gran familia’ (Fernando Palacios, 1962) terminara siendo ‘La familia, bien, gracias’ (Pedro Masó, 1979) somos quienes disfrutaremos de un plus en la desternillante ‘Torrente Presidente'.

Y es que, verborrea y cháchara de critiquillo aparte, ‘Torrente Presidente' es desacomplejada, desvergonzada y tremendamente divertida, se ve en un suspiro y te deja comentando sus salidas de tono despiporrantes, cinéfilas (lo de ‘Bienvenido, Mister Marshall’, Luis García Berlanga, 1953) o no, a la salida del cine con un amor comparable al que muchos de nosotros teníamos los lunes en el patio del colegio respecto a las apariciones en TVE de Tony Leblanc, Fernando Esteso y Andrés Pajares. Y, como toda comedia no castrada, reparte a diestro y siniestro, de manera absolutamente genial cuando se es capaz de convertir al Peugeot de Koldo, Ábalos, Cerdán y Sánchez en el coche del memorable running gag de las guardias automovilísticas en la saga.

Hay algo, que avivará la llama de las antorchas de los antitorrentes, malvadamente humorístico en la película y es cómo funciona, en términos de risotadas caóticas en una España polarizada y desquiciada, en un nivel cercano, asimismo cómico, al de ‘...Y al tercer año resucitó’ (Rafael Gil, 1980), adaptación del best seller de Fernando Vizcaíno Casas, sumando a este la mala baba de las historietas de El Papus.

El largometraje de Gil fue un éxito de taquilla, puesto a caer de un burro por los críticos. ‘Torrente Presidente' triunfará en las taquillas, seguro que tendrá reseñas negativas, claro, pero por encima de todo volverá a confirmar que no hay nada (tan difícil en su aparente simplicidad) como la comedia para explicar, y entender, la historia (y la idiosincrasia) de un país y sus habitantes.

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Lo mejor: la afilada agilidad cómica para reírse del aquí y ahora sin resultar algo meramente coyuntural

Lo peor: que todavía alguien confunda a Torrente con Santiago Segura.

Ficha técnica

Dirección: Santiago Segura Guion: Santiago Segura Reparto: Santiago Segura, Gabino Diego, Carlos Areces, Ramón Langa, Francisco Nicolás País: España Fecha de estreno: 13-03-2026 Género: Comedia Duración: 102 min.

Sinopsis: José Luis Torrente, siempre convencido de ser un héroe nacional de España pese a su ineptitud, es persuadido para meterse en política y, con su estilo vulgar, demagógico y lleno de ocurrencias, logra convertirse en líder de un partido populista. Sexta entrega de la saga.

Texto: Por                                                             Foto/Via: Fotogramas

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