'Michael' recrea a la perfección al Rey del Pop, pero este blanqueamiento es incapaz de ir más allá de 'Tu cara me suena' mezclado con Wikipedia
Desde el éxito de 'Bohemian Rhapsody', la obsesión por los biopics musicales no ha dejado de crecer entre el público general. Con un buen trabajo de maquillaje, un actor con hambre de Óscar y la Wikipedia a mano pueden salir películas como churros, con el único trabajo de ensalzar al artista y, con suerte, que suba en las listas de éxitos. Pero claro, en este mejunje que aglutina a Bob Dylan, Queen, Elvis Presley, Bruce Springsteen o Bob Marley, faltaba la joya de la corona, el Rey del Pop, sacralizado en 'Michael' con tan poca maña que solo te quedan dos opciones: caer en la adoración absurda o hundirte en la butaca contando los lentos minutos entre canción y canción.
¡Hee-hee!
Se nota que el guion de 'Michael' ha pasado por cientos de manos de cientos de despachos, y cada una ha querido quitar polémicas, añadir aclaraciones y hacer sonar más temas musicales. El resultado final es una mezcla de Wikipedia y 'Tu cara me suena', como suele ser habitual en este tipo de productos, pero que obvia cualquier faceta negativa del cantante, convirtiéndole en un santo incapaz de equivocarse, enfrentado a un padre tan avaricioso que acaba siendo una parodia de sí mismo. Es este el único obstáculo que el protagonista se encuentra en su carrera, que va dando saltos entre discos, conciertos y acciones benéficas sin contar absolutamente nada más que un meteórico ascenso a la fama.
Uno esperaba mucho más de Antoine Fuqua, pero este biopic se queda muy lejos de sus mejores trabajos: más allá de un par de planos más o menos icónicos, el trabajo del director se queda en la mera repetición. En este sentido, 'Michael' es una perfecta fotocopiadora que rehace muy fielmente el videoclip de 'Thriller', el 'ABC' con los Jackson 5 o el anuncio de Pepsi donde cantaba aquello de "You're the Pepsi generation". Si es lo que buscas estás de enhorabuena, porque la película te lo da con creces entre conversaciones en despachos, gente dando la razón al cantante y peleíllas con un padre maltratador que nunca terminan de encontrar un final rotundo (por más que lo intente).
De hecho, 'Michael' acaba en un anticlímax, cortando en medio de una canción, con las (pocas y endebles) tramas ya resueltas, anunciando que habrá una inevitable segunda entrega. Eso sí, no esperes que en ella se aborden ninguna de sus polémicas, o al menos no desde la duda: la película es un absoluto blanqueo del personaje destinada a aquellos que ya creían de antemano en su inocencia. El protagonista va a hospitales infantiles a repartir regalos, firma autógrafos a todo el que se lo pide, se desvive por su familia mientras busca su libertad y, sobre todo y ante todo, nunca falla. Cada decisión que toma, desde un plano del videoclip hasta la selección de su futuro mánager, es siempre la correcta: no solo contentos con pintarle como un genio y un benefactor de la humanidad, la película se preocupa de que tenga siempre razón, hasta límites que caen en el ridículo.
No, no sale Luixy Toledo (pero debería)
Este biopic, consciente de que todos los ojos están sobre él, decide tomar el camino más fácil para evitar la polémica y no arriesgarse en absoluto, ni argumental ni estilísticamente. Fuqua y su equipo deciden masticar la película y ofrecer una papilla sin sabor ni fundamento, una sacralización de 155 millones de dólares que regatea todas las polémicas haciendo que el público acabe preguntándose, si acaso con más fuerza que antes, por qué las han evitado de esa manera si podría ser lo más interesante de una historia que ni siquiera ofrece el típico retrato de ascenso y caída: Jackson siempre va hacia arriba. Es más, su único problema real se despacha en diez minutos, aprovechando para abrir la puerta al amor creciente de sus fans y regalarle una escena en la que dona millones a un hospital. Este es el nivel.
'Michael' parece obsesionada por recordarnos continuamente lo mucho que el público le adoraba, y en este blanqueamiento (no, no intenta ser una broma) está el mayor de sus pecados. Ni tan siquiera la aparición de Bubbles o el hecho de tener un zoo en casa se plantea desde el punto de vista de la fama como elemento que anula y obsesiona, o de la acumulación para suplir un vacío interior: simplemente, son cosas que pasan, pequeñas rarezas ante las que el resto de personajes levantan los hombros, sin intervenir en exceso. Nadie le lleva la contraria (más allá de su avaro y malicioso padre), nunca se equivoca, ni siquiera da una nota fuera de tono: al evitar la confrontación no hay nada interesante, salvo para los fans más acérrimos.
El verdadero gran trabajo de 'Michael' es el de su protagonista, Jaafar Jackson (sobrino de nuestro protagonista y motivo principal por el que la película nunca se va a meter en una ciénaga) junto con el equipo de maquillaje y peluquería: como imitación es fantástica, pero ya va siendo hora de que los biopics musicales nos ofrezcan algo más que un actor capaz de imitar a alguien que existió en la vida real. Nadie duda de que esta película vaya a ser un éxito, pero será más un testamento hacia el amor (y el morbo) del público hacia el autor de 'Billie Jean' que un deseo real de ver más biopics con la forma de una papilla audiovisual sin riesgo de ningún tipo. Y un "¡Hee-hee!" bien lanzado no lo va a cambiar.
Texto: Randy Meeks Foto/Via: Espinof

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