Me pasa continuamente. Me encuentro con un amigo por la calle y, hablando, me dice: "Pues ayer empecé por fin la nueva de 'Euphoria', ¿te está gustando?". Estoy en un evento y se me acerca un compañero de otro medio: "Oye, ¿has visto ya 'Michael'?". Voy a comer con mis padres: "Estoy viendo la segunda temporada de 'The Pitt', ¿tu ya la viste?". En la redacción: "Fran, ¿meterías entre lo mejor del año pasado a 'Avatar: Fuego y ceniza'?". Mi respuesta para todo es "No la he visto".
Después de la escandalizada reacción que siempre viene después de la confesión ("¿Pero cómo que no la has visto? Si es buenísima. Pues vaya crítico, que trabaja de esto y resulta que no la ha visto..."), podría dar mil explicaciones, pero en realidad todas se resumen en una: no tengo tiempo. Mi trabajo se supone que consiste en hablar y escribir de películas y series, pero no tengo tiempo de ver ya no solo todas las películas y series que me apetecería ver, sino todas las películas y series que debería ver. Que no siempre es lo mismo.
¿Que si quiero o que si tengo?
No hablo solo de los encargos que pueda tener cada mes para hacer entrevistas, escribir críticas o recomendar contenido en plataformas. Si una serie se convierte en un fenómeno mundial, tengo que verla. Si un director como Christopher Nolan, Martin Scorsese o Pedro Almodóvar estrena una película, tengo que verla. Si una directora como Alauda Ruiz de Azúa, Greta Gerwig o Chloé Zhao presenta un nuevo trabajo, tengo que verlo. Si una película revienta la taquilla como 'Torrente Presidente', tengo que verla. Si HBO saca un spin-off de 'Juego de tronos' o Netflix hace lo propio con 'Stranger Things', tengo que verlo. Si una película destaca en Cannes, Venecia o San Sebastián, o si es una de las favoritas en la temporada de premios, tengo que verla. Eso si no estoy cubriendo ese festival o tengo que votar entre varias nominadas, que entonces también se da por descontado que hay que verlas todas.
Y luego está todo lo que me apetece a ver a mí, claro. Películas o series que me llaman la atención por su argumento o su género, por quién está detrás o porque he leído o me han dicho cosas sobre ellas que hacen que no quiera perdérmelas. Entre lo que debo y lo que me apetece ver, es imposible que salgan las cuentas. Por supuesto que adelanto lo que puedo en horario laboral, entre pases de prensa y screeners, pero son cifras totalmente inalcanzables si sumamos las obligaciones y necesidades básicas de una persona en el día a día. Ya ni nos planteemos leer un libro, salir a cenar, quedar con los amigos...
Y ahora viene el recordatorio que termina por aplastarnos: estamos hablando solo de estrenos.
Una carrera imposible contra el tiempo
Yo nací en 1987, por lo que tengo prácticamente un siglo de películas y series pendientes de recuperar. ¿Cuántos films y series de televisión debería / me apetecería ver de todos esos años en los que yo simplemente no existía o era un renacuajo? Sin duda, estamos hablando de miles. Y cada año es más complicado, puesto que cada vez hay más canales de televisión, más plataformas de streaming, más estrenos en salas... Más contenido.
Si antes hablábamos de varios estrenos por semana y ya resultaba inviable, sumemos ahora un siglo de miles y miles de producciones que recuperar. Si no doy abasto con los estrenos, ¿cuándo se supone que voy a ver todos esos "clásicos imprescindibles"? ¿No te recorre por la espalda un escalofrío de pavor cósmico como cuando piensas que solo somos una mota de polvo en medio de la inmensidad del universo y que nada tiene sentido?
No puedo, tengo cine
Pues eso. No, no he visto 'Euphoria', 'Michael', 'The Pitt' ni 'Avatar: Fuego y ceniza'. Y seguramente no vaya a verlas nunca. Tampoco clásicos del cine que ni me atrevo a confesar porque estoy firmando esto con mi nombre y puede que me echaran de la redacción, me insultaran en redes y mis amigos me negaran el saludo por la calle. Y con razón.
Y encima ando perdiendo el tiempo escribiendo columnitas cuando tengo una pila audiovisual de contenido pendiente esta semana que no es ni medio normal. Me voy, que tengo que ver una cosa.
Texto; Fran Chico Foto/Via; Fotogramas

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