De fracaso estrepitoso a icono de la generación hippie: 75 años de 'Alicia en el país de las maravillas', la película que sacó de sus casillas a Walt Disney


 l 4 de julio de 1862, un grupo de cinco personas aguardaban en el puente Folly de Oxford para embarcar en una pequeña barca con la intención de disfrutar de un apacible paseo estival surcando las aguas del río Támesis. La expedición estaba compuesta por el reverendo Robinson Duckworth, las hermanas Liddel; Lorina Charlotte, Alice y Edith, de trece, diez y ocho años respectivamente, y el profesor de matemáticas, diácono y pionero de la fotografía, Charles Lutwidge Dogson. Mientras la embarcación navegaba lentamente a lo largo de los ocho kilómetros que separaban Oxford de la localidad de Godstow, el calor y el tedio se apoderaron de las tres niñas, quienes comenzaron a manifestar su gran aburrimiento. Con la intención de salvar el plan, Charles Lutwidge Dogson comenzó a contarles una serie de historias repletas de fantasía y diversión que el matemático se iba inventando de manera espontánea sobre la marcha, y que despertó una gran emoción en las tres pequeñas, especialmente en la hermana mediana, Alice, cuyo nombre de pila fue utilizado para nombrar a la protagonista de la narración.

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Tras la conclusión del paseo, las hermanas Liddel habían quedado tan satisfechas con los relatos que les habían contado, que insistieron al profesor para que todos ellos fueran convenientemente conservados por escrito y no cayeran en el olvido. De este modo, durante los siguientes meses Dogson comenzó a realizar una serie de anotaciones sobre las disparatadas historias que había inventado aquella tarde para divertirlas, incluidas una serie de ilustraciones que acompañarían el texto. Durante el proceso de escritura, el autor decidió engordar algunos capítulos y añadir otros que en un primer momento habían quedado fuera de la historia original, todo ello con el único propósito de hacerles un regalo sorpresa a las pequeñas hermanas.

Sin embargo, el proyecto cada vez fue creciendo más, y muchos de los allegados del diácono manifestaron sus ganas de poder leer aquellas historias. De este modo, Charles Lutwidge Dogson se enfrascó durante los siguientes dos años en un dilatado proceso de edición para el que requirió los servicios del aclamado ilustrador John Tenniel. Una vez que acabó el manuscrito, lo firmó con el pseudónimo de Lewis Carroll, y hacia mediados de 1865 el libro quedó publicado bajo el título ‘Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas’. En poco tiempo, el libro obtuvo una gran popularidad entre el público, tanto adulto como infantil, y sus extraordinarias historias se tradujeron a infinidad de idiomas, por lo que pocos años más tarde, en 1871, su autor preparó una continuación en la que rescataba al personaje de Alicia que se tituló ‘A través del espejo y lo que Alicia encontró allí’.

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De un paseo en barca a un fenómeno literario universal

Las novelas, que rápidamente se convirtieron en clásicos de la literatura inglesa, fueron una gran fuente de inspiración para directores y animadores en los albores del séptimo arte, realizando numerosas adaptaciones de la obra de Lewis Carroll entre las que destacan algunas como ‘Alicia en el país de las maravillas’ (Norman Z. McLeod, 1933), filme en el que participaron estrellas como Cary Grant, Gary Cooper, W. C. Fields o Jack Oakie. Precisamente, la fascinación que un jovencísimo Walt Disney sentía por estas obras literarias que él mismo había leído en numerosas ocasiones durante su infancia, hizo que durante los primeros años de su carrera, a comienzos de la década de 1920, el director se interesara en abordar un nuevo proyecto cinematográfico inspirado en ellos.

En aquel momento, Walt Disney se había instalado en Kansas City, Missouri, donde había fundado con ayuda de su hermano los pequeños estudios Laugh-O-Gram, una productora humilde centrada en los cortometrajes de animación. Estos estudios tuvieron la posibilidad de contar con algunos de los mejores animadores de todos los tiempos, como el propio Walt Disney, el diseñador de Mickey Mouse, Ub Iweks, o el creador de Bugs Bunny, Friz Freleng. En este contexto, Walt Disney comenzó a desarrollar una serie de cortometrajes que combinarían de manera visionaria la animación y la acción real, y en los que la actriz infantil Virginia Davis interpretaría a la protagonista, Alicia, quien se ve irremediablemente arrastrada a un fabuloso mundo de dibujos animados. Sin embargo, una serie de problemas comerciales hicieron que los estudios quebrasen, y Disney se quedase sin el presupuesto necesario para estrenar su obra.

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Sin embargo, las pruebas que Walt Disney había realizado con Virginia Davis y su interacción con los fondos animados le sirvieron como porfolio tras su llegada a Hollywood, y poco más tarde encontró en la figura de la productora y distribuidora Margaret J. Winkler a la mecenas que necesitaba para llevar a cabo su obra. Así pues, Walt Disney creó junto a su hermano en 1923 los Disney Brothers Cartoon Studios, que años después se convertirían en los famosísimos Walt Disney Productions, los estudios de animación más grandes de todos los tiempos; y desde ellos impulsó durante los siguientes años una serie de más de medio centenar de cortometrajes inspirados en las novelas de Lewis Carroll. Ya a comienzos de los años 30, Mary Pickford, quien por aquel entonces era de manera incontestable la actriz más famosa del mundo, propuso a Disney una asociación para protagonizar un largometraje sobre ‘Alicia en el país de las maravillas’ en el que ella asumiría el papel principal mientras interactuaba con un fondo animado, tal y como el animador había hecho anteriormente con Virginia Davis. El proyecto no terminó de concretarse, pero desde los estudios Disney se impulsó un nuevo cortometraje inspirado en la obra de Carroll y protagonizado esta vez por Mickey Mouse, titulado ‘Mickey Mouse: A través del espejo’ (David Hand, 1936).

La obsesión de Walt Disney: décadas intentando adaptar a Alicia

Ya hacia finales de aquella misma década, Walt Disney presentó el primer largometraje de animación de la historia, ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (David Hand, 1937), una adaptación del famoso cuento de los hermanos Grimm que suponía una hazaña nunca vista hasta entonces y que demostraba que existía una nueva forma de hacer cine. El éxito arrollador del filme llevó a Disney a apostar a partir de entonces por la producción de largometrajes animados, y para continuar en la senda del éxito, el propio Walt Disney propuso rescatar para su segundo largometraje de animación su anhelado proyecto sobre ‘Alicia en el país de las maravillas’. Para ello contrató al guionista Al Perkins y al ilustrador David Hall para que se encargasen del desarrollo de un storyboard orientativo que sirviera como primera toma de contacto. Sin embargo, Walt Disney no quedó satisfecho con el material que recibió, ya que el diseño de los dibujos de Hall guardaban demasiada semejanza con las ilustraciones originales que John Tenniel realizó para los libros, y el tono tétrico y oscuro del primer borrador de Perkins parecía demasiado inadecuado para un público infantil.

Finalmente, la desesperación por tratar de adaptar una obra tan compleja hizo que Walt Disney se desilusionara con el proyecto, y aunque no se llegó a cancelar oficialmente, sí que fue apartado a un segundo plano para darle prioridad al desarrollo de otras películas como ‘Pinocho’ (Ben Sharpsteen, Hamilton Luske, 1940), ‘Fantasía’ (James Algar, Samuel Armstrong, 1940), ‘Dumbo’ (Ben Sharpsteen, 1941), o ‘Bambi’ (David Hand, 1941). La compañía de Disney comenzaba así su hegemonía mundial, pero la Segunda Guerra Mundial hizo que las ventas decayeran dramáticamente y que la financiación comenzase a disminuir de manera notable, por lo que se ordenó la paralización de todo tipo de largometrajes de animación hasta que el conflicto bélico terminase y la economía se pudiera recuperar. Así pues, la compañía del ratón Mickey aprovechó este impás para realizar algunas pruebas que permitieran retomar en el futuro nuevamente la adaptación de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

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La idea seguía siendo la de combinar a una protagonista de acción real con un entorno animado, y para ello se bajaron un gran número de actrices entre las que se encontraban la ganadora del Oscar, Ginger Rogers, y las actrices infantiles, Margaret O’Brien, Mary Blair o Lisa Davis. Al mismo tiempo, para escribir un nuevo borrador del guion, los estudios apostaron por el novelista británico Aldous Huxley, autor de la famosa novela distópica publicada en 1932, ‘Un mundo feliz’; y la artista conceptual Mary Blair fue designada para la creación de un nuevo diseño de los personajes. Aunque esta nueva intentona hizo que se descartara definitivamente la idea de combinar acción real y animación, y el guion de Huxley no dejó a Walt Disney satisfecho al considerarlo demasiado semejante a la obra original; la línea artística de Blair supuso un gran soplo de aire fresco para el proyecto, gracias a un estilo vanguardista de colores vivos que rehuía los trazos demasiado detallados.

La versión definitiva: personajes, canciones y el complejo proceso de animación

Así pues, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial y después de muchos esfuerzos infructuosos, Disney aprobó el presupuesto de la película en 1946, con un plazo estimado de cuatro años para su producción. Al mismo tiempo, los estudios también habían dado luz verde a otro largometraje de animación de manera paralela, ‘La cenicienta’ (Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, 1950), así que los equipos de las dos producciones se involucraron en una encarnizada competición para ver cuál de las dos películas se estrenaría antes. El equipo de guionistas, a petición de Walt Disney, trató de mantener en la medida de los posible el divertido espíritu de la obra original y combinó pasajes tanto de ‘Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas’ como de ‘A través del espejo y lo que Alicia encontró allí’, de tal modo que aparecieron personajes del primer libro como el Conejo Blanco, el Dodo, la Oruga azul, el Gato de Cheshire, el Sombrero Loco, la Liebre de Marzo o la Reina de Corazones; con otros de la segunda novela como Tweedledee y Tweedledum, la Morsa y el Carpintero, o las flores parlantes.

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Al mismo tiempo, muchos de los personajes y episodios más emblemáticos de las novelas tuvieron que ser descartados porque restaban ritmo a la narración, como por ejemplo la secuencia en la que el Lacayo Pez y el Lacayo Rana dan paso a la presentación del personaje de la Duquesa, quien sostiene un bebé que no para de llorar y que finalmente se acaba convirtiendo en un pequeño lechón. Tampoco aparecieron Humpty Dumpty, la Sota de Corazones, la Reina Blanca, el Caballero Blanco, ni el Jabberwocky. Los últimos personajes en ser descartados fueron el Grifo y la Tortuga Falsa, aunque sus diseños fueron reutilizados tiempo después del estreno de la película con fines publicitarios. El único personaje que aparece en la cinta y no tiene presencia en ninguno de los libros es el del Picaporte, que fue inventado explícitamente para la película con el fin de agilizar el comienzo a través de más diálogos.

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Para afinar lo máximo posible en el complejo proceso de animación, Disney hizo que los actores de doblaje que habían sido seleccionados para cada personaje hiciesen pruebas de cámara interpretando los movimientos que estos tendrían en la película. De este modo, los animadores estudiaron sus movimientos y capturaron su esencia hasta el punto de que la apariencia física de muchos de estos personajes animados guardan una gran relación con los intérpretes que les prestaron su voz. Por ejemplo, el comediante Jerry Colonna, famoso por acompañar a Bob Hope en sus shows, interpretó a la Liebre de Marzo. La joven actriz británica Kathryn Beaumont, de 13 años, interpretó a Alicia utilizando la misma vestimenta que el personaje llevaba en la película para meterse en el papel.

De hecho, la propia Beaumont repitió un par de años más tarde esta misma experiencia para otra película de Disney, ‘Peter Pan’ (Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, Jack Kinney, 1953), donde interpretó a la hermana mayor, Wendy Darling, motivo por el que este personaje guarda una gran semejanza con el de Alicia. Para dar vida al Sombrero Loco, el actor y artista de vodevil Ed Wynn realizó una genial improvisación durante la secuencia de la fiesta del té que entusiasmó al propio Walt Disney, quien insistió en que la grabación de voz fuera utilizada para el montaje final. No obstante, los técnicos le explicaron que al tratarse tan solo de una prueba de cámara para que los animadores pudieran realizar sus bosquejos, el audio no había sido recogido con cuidado y el resultado estaba repleto de interferencias, lo que despertó un gran enfado en el productor. Así pues, los técnicos tuvieron que redoblar esfuerzos para poder limpiar la pista de audio de la improvisación de Wynn y dejarla adecuada para que pudiera aparecer en la versión definitiva de la película. Según explicó años más tarde el propio Disney en una entrevista con la columnista de prensa rosa, Hedda Hopper, el modelo en el que se basaron para dibujar a la Reina de Corazones fue precisamente la rival periodística de Hopper, la famosa periodista Louella Parsons.

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Además del inusual número de personajes que aparecían a lo largo de toda la trama, el filme pasó a la historia por ostentar el récord de mayor número de secuencias musicales. Para que esto fuera posible, Disney contrató a un grupo de reconocidos compositores que realizaron una treintena de canciones para la película. La versión final solo incluyó 16 de las 30 canciones compuestas originalmente, por lo que algunos de los temas musicales que no fueron seleccionados para la cinta se reciclaron algún tiempo después para películas como ‘Peter Pan’. Además, el tema principal de la película, que aparece durante los créditos iniciales y titulado de manera homónima, se convirtió en un estándar del jazz interpretado por algunos de los músicos más influyentes de toda la historia de este género musical, como por ejemplo Dave Brubeck o Bill Evans.

Un fracaso para Disney: críticas, pérdidas y decepción interna

Antes de su estreno, ‘Alicia en el país de las maravillas’ (Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, 1951) fue la primera película que Walt Disney pudo promocionar en televisión a través de un especial making of titulado ‘Una hora en el país de las maravillas’ que fue emitido por la NBC durante la noche de Navidad de 1950, lo que generó un gran interés comercial alrededor de la cinta. Sin embargo, a pesar de que Disney había recuperado su prestigio el año anterior gracias al notable resultado en taquilla de ‘La cenicienta’ (1951), el descalabro de ‘Alicia en el país de las maravillas’ supuso un gran varapalo a las arcas de los estudios, ya que el presupuesto de la película había superado los 3 millones de dólares, mientras la recaudación en taquilla no llegó a los 2’5 millones.

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La enorme frustración que Disney había sentido para sacar a flote este proyecto durante tantos años, unido al pobre desempeño en taquilla que tuvo tras su estreno, hizo que el magnate de la animación mostrara públicamente en varias entrevistas un enorme arrepentimiento por haber insistido en producir una película a la que bajo su punto de vista, le faltaba corazón. Walt Disney no fue el único en denostar al filme, ya que el animador Ward Kimball explicó que el fracaso de la película se debió a que “tenía demasiados directores involucrados, cada uno intentando superar al otro y hacer que su secuencia fuera la más grande y alocada del espectáculo. Esto tuvo un efecto contraproducente en el producto final”. A las valoraciones negativas que se hicieron de ella de manera interna, también se sumó la crítica especializada, que no tuvo ningún reparo al señalar que se había destrozado el espíritu original de la obra de Lewis Carroll, que la narración era lenta e irregular, y que los personajes parecían una burda imitación del perro Pluto. A pesar de todo ello, ‘Alicia en el país de las maravillas’ consiguió una nominación al Oscar en la 24º edición de los Premios, en la categoría de Mejor banda sonora de musical, pero acabó perdiendo frente a ‘Un americano en París’ (Vincente Minnelli, 1951).

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Del rechazo inicial al símbolo psicodélico de toda una generación

La cinta parecía destinada a aparecer entre los fracasos más sonoros de la historia de Disney, sin embargo, dos décadas más tarde, en pleno auge del movimiento hippie, el filme tuvo un reestreno limitado en salas que se convirtió en un éxito inmediato y que alcanzó una gran popularidad en los campus universitarios de todos los Estados Unidos. A partir de entonces, la película alcanzó una nueva dimensión cuando la contracultura comenzó a interpretar que el surrealismo intrínseco de la película estaba relacionado con las distorsiones sensoriales derivadas de la experimentación con alucinógenos. A partir de entonces, incluso desde los propios estudios Disney se trató de rentabilizar esta nueva imagen, promocionando nuevamente el filme como la película de cabecera de la época psicodélica y anunciándola por radio a ritmo de la famosa canción ‘White Rabbit’, de Jefferson Airplane, que utilizaba la obra de Lewis Carroll como un paralelismo de la experimentación de sustancias psicoactivas.

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Texto:Por Fernando Sánchez
Fotos/Via: Fotogramas

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