'Las ovejas detectives' - That'll do, sheep


 Hay algo que sorprende, mucho y sobre todo para bien, de la nueva película de Kyle Balda: Es, ante todo, una película. Lo que usualmente se entiende es una película. Con ovejas que hablan (entre ellas), pero sobre todo una película... hecha y derecha. A diferencia de, redondeando, todas las películas de esa Illumination Entertainment en la que Balda se ha curtido como profesional -con títulos como 'Lorax. En busca de la trúfula perdida' o 'Los Minions'-.

'Las ovejas detectives' no es desde luego "otra estúpida película de animales que hablan" en la línea de por ejemplo 'Hop', estando mucho más cerca de aquel pequeño milagro llamado 'Babe, el cerdito valiente'. Podríamos definirla, de hecho, como una especie de cruce entre 'Babe, el cerdito valiente' y 'Puñales por la espalda' en la que Benoit Blanc es una oveja que ya no olvidará, para bien y para mal, que el mundo puede ser (y es) un lugar... complicado.

Como lo puede ser la propia película, una que dado el tono empleado y los temas tratados no queda del todo claro a qué público va dirigido. No deja de ser un "whodunit" ovino que mira de frente a la muerte, no sólo la del personaje de Hugh Jackman. Un "whodunit" sobre la aceptación de la muerte; sobre tomar conciencia de nuestra propia mortalidad, afrontar el duelo y el trauma y, en resumen, que en la vida pasan cosas malas (aunque siga siendo maravillosa).

Es cierto que lo hace de forma muy afable y elegante, desplegándose con una madurez y fluidez orgánicas que entretejen cualquier atisbo de gravedad en una aparente ligereza (no exenta de simpáticas bromas). No por casualidad, muy en la línea de la mencionada 'Babe, el cerdito valiente'. Lo que a un servidor le recuerda a Pixar... en contraposición a la mencionada Illumination, ya que 'Las ovejas detectives' podría estar en un punto intermedio entre ambos estudios. 

Como adulto y cinéfilo juguetón, complicado resistirse al encanto (británico) de 'Las ovejas detectives'... una película, tal vez y sin embargo, poco oportuna para el público (por debajo de según qué edad) al que -con o sin prejuicios- parece ir dirigida. Lo mismo que, supongo, debió pasar en 1995 con aquella mítica producción de George Miller. ¿Una película de un cerdito que habla y sueña con ser un perro pastor? ¿Ovejas resolviendo un caso de asesinato?

Salvando los 30 años que las separan, ambas transmiten una sensación similar: La de una película hecha y muy bien hecha -con un exquisito empleo del CGI- que el tiempo convertirá en un clásico del cine familiar; en especial, por una ternura y madurez que si bien pueden ser esquivas (o complicadas) para los más jóvenes (y sus padres), resultan muy reconfortantes y simpáticas para quienes ya sean conscientes de la importancia de formar parte de un rebaño.

That'll do, sheep.


Por Juan Pairet Iglesias

Via: El séptimo arte

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