Al grano: Si la cuarta parecía un epílogo, la quinta parece un spin-off.
Ahora es Jessie la que asume el protagonismo que en la anterior asumió Bo Peep, en la que es sin duda la menos lograda de las (¿por ahora?) cinco películas. Lo que muchos pensaron que era la cuarta... se puede decir que lo es la quinta: Un reencuentro que pone de manifiesto que el tiempo pasa. Como el que se reencuentra con sus antiguos compañeros de clase, sólo para reparar que ya no es lo mismo que era (ni éramos) en aquel entonces.
Un reencuentro con una marcada tendencia melodramática al que parece que tienen que socorrer Woody y un montón de Buzzs. Aunque sólo sea para que no se nos olvide que no se trata de un spin-off... aunque lo hubiera podido ser, toda vez que la vieja guardia, al igual que en su cuarta entrega, están demasiado de fondo... como en esta quinta también lo están los nuevos juguetes de la cuarta. Sigue siendo una de 'Toy Story'. Pero ya menos.
Como siempre me recuerda mi señora, soy muy dado a emocionarme con las películas "de dibujos animados". Bueno, con las de Pixar. En esta ocasión, puede que ni el amago que 24 horas antes tuve con 'Toy Story 4'. La reválida, creo, siete años después. Las tres primeras me las sé de memoria, y a la segunda, la cuarta me convenció tanto como la primera vez. Puede que carezca de la magia que asociamos a Pixar, pero funciona como un tiro.
No puede decir lo mismo de la quinta, no al menos a la primera; veremos si a la segunda, ¿en vísperas tal vez del estreno de la sexta? No es que 'Toy Story 5' no funcione, tampoco que no cumpla. Funciona, y cumple. Pero no lo hace tanto por su brillantez, como por el empuje del que tanto se valen las franquicias para todos los públicos que de alguna manera han dejado huella en nuestra vida (ya sea gracias al cine, ya sea gracias al merchandising).
'Toy Story 5' es más sólida y elegante que los recurrentes derivados de otros grandes estudios. Está bien hilada y sobre todo, tiene su fundamento. Pero no está tan lejos en cuanto a resultados. O no se siente tan lejos... como al mismo tiempo se siente que lo está de la tercera, sin duda el punto álgido de la saga; puede que también de una propia Pixar que en 2010 grabó a fuego un recuerdo constitutivo ante el que es muy difícil estar a la altura.
Puede que ese sea el problema, porque 'Toy Story 5' no es una mala película. Como tampoco lo era 'Toy Story 4'. Pero, como en parte expone la propia saga, como adultos, no logra que dejemos de verlas como adultos. Es obvio que esta quinta entrega no se ha hecho a la ligera, y probablemente un chaval, salvo que sea muy puntilloso, no note gran diferencia si le ponen las cinco del tirón, salvo si acaso por el hartazgo inherente al propio maratón.
Como comenté hace diez años respecto a 'Buscando a Dory', no se trata de ser necesariamente más y mejor que su predecesora... sino de ser algo más pero a la vez distinto. Sobre todo, de ser algo fresco y reconocible como para que el chapuzón merezca (de nuevo) la pena. En el caso de 'Toy Story' no hablamos de una sola película, sino de cinco y el desgaste es más que evidente. 31 años hace del estreno del primer filme, un hito del cine de los 90.
No es que 'Toy Story 5' no funcione... como un tiro, tampoco que no cumpla... como cabe esperar que Pixar haga. Es que, de primeras, no resulta tan orgánica e impactante, tan rotunda y convincente como tantos años de leyenda nos han convencido que lo son las otras tres (+1), llegadas sin tantos reparos ni cargas a sus espaldas. 'Toy Story 4' no es 'El reino de la calavera de cristal', ni tampoco 'Toy Story 5' es 'El dial del destino'. ¿O tal vez sí...?
Como el que se reencuentra con sus antiguos compañeros de clase, sólo para reparar que ya no es lo mismo que era (ni éramos) en aquel entonces. Depende de en qué queramos hacer hincapié: Si en la alegría o en la desilusión de vivir. La magia, con el tiempo, desaparece como lo ha hecho en 'Toy Story 5', un spin-off que funciona como una (buena) película que como adultos, 31 años después, ya nos cuesta verla con otros ojos que no sean los nuestros.
Puede que los juguetes no crezcan y envejezcan. Pero al igual que sus dueños, la saga (y nosotros) sí... sentenció él sin apartar la mirada de la "pantalla" (mientras por su cabeza, muy brevemente, cruzó una imagen de Roger, su querido osito de peluche... y por un momento se preguntó, ¿dónde estará ahora?).

Por Juan Pairet Iglesias
Via; el séptimo arte

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