'Spider-Man: Brand New Day' - ¿Qué hay de nuevo, viejo?


 A efectos prácticos, como si fuera 'Spider-Man 3'... con Marvel Studios haciendo las veces de Venom. También podría mencionar 'The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro'... aunque me duela en el alma hacerlo, ya que soy un firme defensor de aquella.

No tanto del "Spider-Man" de Tom Holland. Sí, soy más de los "Spider-Man" de Tobey Maguire o Andrew Garfield, por más que Holland esté muy lejos de ser un problema. Pero claro, si me das a elegir... prefiero una película de Spider-Man. Sólo de Spider-Man.

No es que Marvel Studios tengá por qué ser parte del problema. Pero tampoco de la solución.

Por ir al grano: 'Spider-Man: Brand New Day' comete el error de querer ser muchas cosas a la vez en lugar de centrarse en una, dos o a lo sumo tres. De querer abarcar mucho, pero irremediablemente apretar poco. Podría haber sido una sólida película de Spider-Man, como de hecho a ratos lo es, si no fuera un sobrecargado y entrecortado conglomerado de retales a medio hacer. Si no fuera porque, para variar, no se trata de una película, sino de un consenso. 

Uno en el que Spider-Man y Peter Parker son la estrella, sí, pero no el único protagonista. Sale Escorpión, sale el Castigador, sale Hulk. Salen los ninjas de La Mano. Sale el Seth Milchick de 'Separación'; salen Zendaya, Ned, Florence Pugh o Sadie Sink, en un "and introducing" para varias películas. En fin, que Spider-Man no está solo. Lo que no es un problema... salvo cuando como es el caso, provoca la descompensación e inconsistencia de un conjunto descabalgado.

Un conjunto que evoca lo mejor y lo peor de la trilogía de Sam Raimi, esto es, a 'Spider-Man 3'. Por todos es sabido que Venom fue una imposición. Como lo podía haber sido -y no fue- el Dr. Connors en 'Spider-Man 2', aún hoy en día la mejor película sobre el arácnido. No es que 'Spider-Man: Brand New Day' no sume méritos, sino que estos acaban estorbándose entre ellos. Es que Banner no puede ser tan solo Banner. También tiene que ser Hulk. Tiene que ser... más.

Tiene que ser... mucho, como ya lo era 'Spider-Man: No Way Home', una suma de talentos individuales y deudas operacionales que tenía problemas para funcionar como equipo y película. Lo acabó haciendo, como a su manera también lo hace 'Spider-Man: Brand New Day'. Una manera agridulce, tan competente como intermitente; tan a ratos consistente como infructuosa que deriva en una disparidad y desigualdad de tono, ritmo y/o estado(s) de ánimo.

Lo que invita a una cierta desconexión, fruto a su vez de una fatiga con aroma a déjà vu donde prácticamente todo parece prestado. Todo parece remitir a otras películas, aun a pesar de que Destin Daniel Cretton parece entender el género mejor que Jon Watts. Aun a pesar de un Michael Giacchino que rara vez desafina. Aun a pesar del propio Tom Holland o de una puesta en escena mucho más física que digital. Aun a pesar de todo lo que ha hecho por el cine Marvel...

O precisamente, por eso mismo. Porque 'Spider-Man: Brand New Day' es más una entrega de transición del UCM que un nuevo capítulo de un Spider-Man al que no se atreven a dejar solo. Por más que quien así lo quiera la disfrutará, convenientemente, aun siendo un claro conato de una, dos o tres películas más interesantes, particulares y/o expresivas. Sin embargo, sus tutotes legales apuestan por lo más clásico y seguro: la saturación y la sobreexplicación.

Por la falta de un riesgo que a decir verdad no necesita, pero que la contiene de igual manera que Bruce Banner a Hulk. O que Peter Parker a su propio Spider-Man negro. Es un poco el resumen de una película que si bien nunca pierde la dignidad tampoco termina de funcionar, ni de asentarse como un todo que no nos haga pensar en nada mas que no sea, en efecto, lo que nos ha traído a todos aquí. A tantos que no hay sillas suficientes para que todos se pongan cómodos.

A tantos que como tantos otros blockbusters hace que 'Spider-Man: Brand New Day' se sienta como una suma de indecisiones y compromisos a la que le ha faltado tiempo, paciencia y tal vez también cariño para encajar de forma tan contundente como reclaman sus mejores momentos. Que los tiene, por más que su posible impacto quede reducido, al igual que su sentido del humor, a funcionar con una relatividad amarga tan deslavazada como desalentadora.


Por Juan Pairet Iglesias

Via: El séptimo arte

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