
Los telefilms que Calparsoro rodó entre 2008 y 2013, con altibajos pero también con resultados tan estimulantes como los de 'El castigo', son el ejemplo perfecto de que el director puede acoplarse a estilos y formatos predefinidos sin por ello perder cierto sello personal. Puede, pero no siempre lo consigue: las terribles y recientes 'Invasor' o 'Combustión' parecían mandar el mensaje de que, sin buenos guiones como respaldo, ese estilo a medio camino entre la autoría y la caligrafía aplicada sobre géneros, naufraga.
El pasado de otros
El punto de partida de la película tiene abundantes puntos de interés: un niño de diez años, Nico (Hugo Arbues), recibe en una gasolinera una amenaza de muerte. Tras ella se esconde un fenómeno sin explicación, la repetición de un acto violento en el mismo sitio y con el mismo número de víctimas cada cierto tiempo. La única persona que parece que empieza a comprender el inexplicable suceso es un joven obsesivo (Raúl Arévalo), cuyo mejor amigo está en coma debido precisamente a este fenómeno.Todo ello está narrado al estilo de un thriller que naturaliza su componente sobrenatural extirpando todo intento de explicación lógica acerca de por qué sucede lo que sucede. Esto acerca la película a esa especie de realismo mágico urbano tan de género español y lo distancia de una opción más atractiva: plantear una serie de reglas y exprimir todas sus posibilidades. Por eso, porque lo más interesante de la historia son esas reglas inventadas, se echa de menos más elementos detectivescos, la investigación del protagonista y el rastreo de quienes han participado en el suceso a lo largo de las décadas.

Quizás el único riesgo que se atreve a tomar Calparsoro es el de narrar simultáneamente dos espacios temporales distantes sin ceder a los recursos habituales de cartelas con años, cortinillas y demás, lo que denota cierta elegancia y le da lógica narrativa a la conclusión. Es el único destello de energía y desafío al espectador en una película sin duda con posibilidades, pero que no logra remontar el vuelo ante una idea devastadora: que un enfoque sentimental y tópico de temas como el bullying o la eutanasia en más valioso que una tragedia que atraviesa la lógica del espacio y el tiempo.
Via:espinof
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