Netflix ha vuelto a petarlo con la segunda temporada de este thriller criminal en Pontevedra. La historia en la que se basa es aún más bizarra


 Tras una primera temporada que arrasó con las audiencias de Netflix, Jorge Guerricaechevarría se aseguró poder seguir contando la historia de 'Clanes'. El drama romántico y criminal ambientado en la costa gallega volvía a principios de abril a tener una estupenda recepción, y en estos momentos se mantiene en la cima de la serie más vista en Netflix España. Su clave del éxito parece ser una mezcla irresistible para la audiencia: thriller patrio con elementos de historia real.

Pero cuánto es verdad y cuánto es ficción no es algo tan evidente en 'Clanes' como en otros biopics al uso. La serie no tuvo problemas en promocionarse como inspirada en hechos reales, pero es una afirmación que hay que coger con más pinzas que de costumbre en estos casos. El ingrediente principal de la historia son los dos protagonistas. Clara Lago y Tamar Novas son claras contrapartidas ficticias de Tania Varela y David Pérez Lago, quienes protagonizaron uno de los casos más llamativos de la historia criminal española reciente.

Más sorprendente que la ficción

Si la historia de Tania Varela sorprende es en gran medida por su extraño perfil. De ser una joven y prometedora abogada a convertirse en su momento en la única mujer entre los 70 criminales más buscados por la Europol. No hay mucho que maquillar a su historia para hacerla cinematográfica desde luego, y viendo la dirección que toma la serie, parece uno de esos casos de historia real siendo aún más increíble que la ficción en la que se basa.

Varela

En 2005, Varela ejercía como abogada en su propia oficina de Cambados tras haber pasado cuatro años en una oficina de información para víctimas de violencia de género. Un buen día entró por su puerta David Pérez Lago, hijastro del narcotraficante Laureano Oubiña y quien tenía sus propios esqueletos en el armario (en 1999 ya le incautaron 15 toneladas de hachís). Lo que empezó siendo una consulta sobre un tema urbanístico se reveló como algo más. Ambos desarrollaron una conexión profesional, luego personal y finalmente romántica.

Así se vio la abogada involucrada en el mundo del narcotráfico gallego en un papel que no era precisamente poca cosa. Su rol no era sobre el terreno, pero sí se encargaba de labores organizativas y logísticas como el blanqueo del dinero. Esta segunda generación no llegó a montar ningún imperio, eso sí. Apenas un año más tarde, en 2006, una operación en Costa da Morte que pretendía introducir 160 millones de euros en los bolsillos de la familia criminal acabó siendo un estrepitoso fracaso. Pérez Lago acabó en prisión provisional y arrastrando a Varela con él.

Clanes

Tras su salida de prisión la gallega empezó a salir con el abogado criminal madrileño Alfonso Díaz Moñux, encargado de la defensa de la operación del narcotraficante (y de muchos otros antes que él). Esta etapa de su vida volvió a tener un inesperado giro. En 2008 Díaz Moñux fue asesinado en su vehículo en un ajuste de cuentas. En tribunales ella testificaba que no recordaba nada ya que sufría amnesia.

La cosa podría haberse quedado aquí, pero un acontecimiento más acabaría engrandeciendo el perfil criminal de Varela y empequeñeciendo el de Pérez Lago. En 2011 era al fin condenada a siete años de prisión y a pagar una multa de 318 millones de euros por la operación Costa da Morte. ¿Su respuesta? Defender su inocencia, una y otra vez, a pesar de que el mismo Tribunal Supremo había ratificado la condena. En 2013 estaba llamada otra vez a los tribunales, algo que nunca hizo. La gallega se dio a la fuga, y así se mantuvo durante cinco años hasta que fue encontrada en un parque infantil de Sitges con una hija que había tenido en clandestinidad. En 2018 ingresó en prisión, llevando a sus espaldas la condena original más unos 20 meses por blanqueo de dinero.

Texto:   Miguel Solo                                                  Foto/Via. Espinof

Comentarios